Más y mejor

Por Lic. Rocío García B

Muchas veces, cuando conozco gente nueva y se inicia alguna conversación más o menos larga, siempre, o casi siempre, surge la pregunta, “Y, tú, ¿qué haces, a qué te dedicas, en qué trabajas?” A lo cual yo respondo, “Hago educación para la salud. La mayoría de las personas con gesto de formalidad comentan: “¡Qué interesante!”; algunos más ciertos o más honestos se atreven y me preguntan, “¿Qué es eso?”.

Pues bien, esa tarea, que la puede realizar igual un médico, que un sociólogo, sicólogo, ama de casa, etc., es una tarea en la que, afortunadamente, cada día se involucra más gente interesada en “vivir mejor”, que no necesariamente quiere decir “vivir más”.

Aunque ciertamente ambos conceptos se pueden complementar, “vivir más” es un concepto totalmente cuantitativo al que, por siglos, nos hemos aferrado. ¿Quién no ha dicho “Quiero vivir muchos años”? Por otro lado, “vivir mejor” entra en el ámbito de lo cualitativo. ¿Cómo vivir esos muchos años que nosotros queremos vivir o que insistimos en que las personas que queremos vivan? Definitivamente, esta es una decisión personal y, viéndolo desde un punto individual, y, por qué no, hasta egoísta, se podría decir que cada cual vive como quiere, o más bien como puede.

Efectivamente, vivimos como podemos, de acuerdo a lo que conocemos, sabemos, en fin, a la información que tenemos y que hemos ido almacenando a lo largo de nuestra vida, y que muchas veces más que una realidad es una burda distorsión de la misma en la que todos, de diferentes maneras, nos retroalimentamos.

De la mítica adolescente que se embarazó en una alberca, al individuo que le dio SIDA por el piquete de un mosco, hasta llegar a la pobre anciana que, después de luchar por años enteros para sacar a su familia adelante, “no quiere”, de acuerdo a la percepción de su propia familia, “echarle ganas a la vida” para “vivir más”; todos somos partícipes de una distorsión de la realidad que, por momentos, parece resolver aquello a lo que no queremos enfrentarnos, simple y sencillamente porque no sabemos cómo.

Y bien, ahora que la humanidad ha llegado a este estado de desorden global, en donde, obviamente, todas las crisis que estamos viviendo nos deben llevar a encontrar soluciones por el simple instinto de supervivencia como especie, ¿qué hacer?

Un buen comienzo sería detenernos por algunos minutos y, de manera frecuente, pensar, ¿qué queremos? ¿Vivir más, vivir mejor, vivir más y mejor? Para, de ahí, de ese interrogatorio honesto y personal, buscar las herramientas, los métodos, la información necesaria para alcanzar nuestro objetivo de manera realista.

En el área de la salud, que es mi campo de trabajo e investigación, la respuesta a este “cómo vivir mejor”, se encuentra en la formación individual y colectiva que la educación y el conocimiento aportan, y que diariamente, y por distintos medios, es lanzada en espera de ser aprovechada por aquellos que buscan las herramientas para encontrar una más alta calidad de vida, para lo cual será necesario un compromiso personal que por efecto multiplicador beneficiará al colectivo.

Existen un sin fin de organizaciones e instituciones dispuestas a informar y apoyar a aquellos que tienen la voluntad de acercarse a la información que les permita resolver sus dudas sobre distintos problemas de salud. El precio: romper con paradigmas que disfrazan una realidad que, aunque nos disguste, es irrevocable, y entender que solo con modificaciones a nuestra conducta o actitud es posible vivirse de mejor manera, por ejemplo:

  • No podemos negar el instinto sexual que se despierta en la adolescencia de nuestros jóvenes de forma natural, y que, aun escondido o lleno de culpas, se manifestará, con o sin permiso, pero sí podemos orientarlos a ejercer una sexualidad consciente, evitando con esto enfermedades fatales, abortos mal practicados o hijos no deseados.
  • No podemos resistirnos el deterioro natural de nuestro cuerpo, pero sí podemos buscar información que nos permita conocer de qué manera es más fácil sobrellevar los cambios de la edad adulta o manejar una enfermedad de la tercera edad, y más aún, respetar el deseo de morir de aquellos cuyo ciclo de vida ha terminado, sin tener que torturarlos pidiéndoles que se esfuercen, cuando el cuerpo ya perdió la fuerza en un proceso natural.
  • No podemos negar nuestra naturaleza, pero sí podemos vivirla y disfrutarla más plena y satisfactoriamente con el simple hecho de conocerla y aceptarla.
  • No podemos eliminar del todo los virus y bacterias que también son parte de este mundo, pero sí podemos aprender a controlarlos y a atacarlos.
  • No podemos erradicar las enfermedades congénitas o degenerativas, pero sí podemos aprender cómo sobrellevarlas de manera que la carga sea menos pesada.

El ser educador en salud o para la salud es un ejercicio que beneficia a todos y que todos podemos practicar, con más o menos experiencia, con más o menos conocimiento, empezando por nosotros, educándonos a nosotros, bajo la consigna y voluntad de informarnos, involucrarnos y comprometernos cotidianamente para así contar con las herramientas necesarias que nos permitan tomar decisiones asertivas, e incluso demandar de los profesionales en salud una mejor atención, que nos permita vivir mejor y, por qué no, más y mejor.

Lic. Rocío García B 

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