Los secretos de la gran fruta ancestral

Por Bruno Díaz

 

Cuenta el viejo una extraña historia que un día soñó:

 

Debajo de la cáscara, están las historias, los sentires y las peculiaridades que hacen que cada fruta sea sí misma. Y es solo cuando el mango deja de querer ser otra fruta, que la experiencia de su propio mundo se manguifica. Cuando el mango logra enmangocionarse con su propia realidad, es que la manguificación del mundo es posible. Todo mangor, todo, mangura, pura mangosidad. Y lo mismo aplica para cada una de las frutas.

 

Hace muchas huertas y muchos antepasados, recordaron un día las frutas que se encontraban reunidas, y fue entonces que habló la Gran Fruta Ancestral. Esa fruta que existe en los mitos de toda huerta y todo sembradío, además de los lugares en donde las frutas crecen en estado silvestre. La fruta ancestral llevaba en sí todas las frutas y todos los sabores, todas las semillas y todos los dulzores, decían.

 

Aquél primordial día al que hacen referencia los mitos frutales, la Gran Fruta Ancestral, dijo: “cada uno de mis pensamientos y sentimientos será una fruta en particular” y así habló y la fruta se hizo. Y así siguió palmo a palmo de la tierra, hasta cubrirla de frutos. En algunos sitios su pensamiento era más jugoso y brotaba una sandía; en otros era más carnoso y surgía un plátano; a veces, su ácido humor hacía surgir una naranja; y en otras ocasiones se ponía dulce y nacía una piña.

 

La Gran Fruta Ancestral convivió algunos siglos con ellas. Estos eran los primeros tiempos; la época dorada donde cada fruta si así lo quería, podía platicar con la Gran Fruta Ancestral. Muchos siglos vivieron así, hasta que decidió, esta gran fruta, dar un salto y desaparecer ante el ojo azorado de todas las frutas. Se sintieron perdidas y abandonadas; esta fue la era oscura.

 

De esta era surgieron algunas frutas aisladas, que sostenían una verdad: la de que aún se podía conversar con la Gran Fruta Ancestral, siempre y cuando, por ejemplo, la pera, se emperifique, la cereza cereceé apropiadamente, el higo se higurifique completamente, y la piña se empiñoreé. Cuando esto pasa, en el corazón de cada fruta, late la palabra que dejó vibrando la Gran Fruta Ancestral:

Conocer a la fruta vecina, solo tendrá sentido, si permites, que ella sea como sí misma es, y tú, poco a poco, te vas dejando ser, quien has venido a ser. Recuerda que, conocimiento es acumular la memoria de lo que vives y sabiduría es sabor, es probar, desde tus propias fibras, la realidad. Esto no es posible si no te pruebas a ti misma, profunda, total y rotundamente. Ahí, en el mero fondo, estoy yo.

 

Así fue contada esta historia.

Bruno Díaz

 

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com