Los pensamientos: fábrica de tus estados de ánimo

Por Ana de la Macorra

 

Hoy estoy triste, estoy triste
Estaré alegre mañana…
Lo que se siente consiste
siempre en cualquier cosa vana.
Fernando Pessoa

 

Lo que existe es una infinita variedad del Todo. Así como podemos mirar un bosque y percibir, si ponemos atención, todos y cada uno de los colores que lo pintan, de la misma manera, la vida humana está llena de diferentes colores e intensidades de emociones, sentimientos, humores y maneras de estar.

 

Los estados de ánimo son estados afectibles, emocionales, relacionados muchas veces con estímulos y emociones pasajeras, pero tan profundos e imperceptibles, que la mayor parte de las veces afectan nuestra vida de tal forma que lo que en un momento dado nos parecía a gusto, de repente nos parece nefasto, y ni cuenta nos damos del cambio. Lo único que sabemos es que, aparentemente, “de la nada”, estamos de muy mal humor, de “mírame y no me toques”, de “jarritos de Tlaquepaque”; y esto es por el estado de ánimo en el que nos encontremos.

 

Como en todo, experimentamos estados de ánimo positivos y estados de ánimo negativos. Los positivos nos llenan la vida de bienestar, de energía y optimismo, nos sentimos bien y todo lo vemos con confianza. Por otro lado, los estados de ánimo negativos nos hacen pesada la vida, nos llenan de ansiedad y miedos, nos detienen y hacen difícil hasta la respiración.

 

Los estados de ánimo que llamamos positivos son, por ejemplo: alegría, optimismo, tranquilidad, entusiasmo, compasión, generosidad, confianza, seguridad y fuerza, entre otros. Y los negativos que experimentamos de forma más común son: ansiedad, culpa, irritabilidad, tristeza, inferioridad, depresión, celos, miedo, envidia y cólera.

 

Es natural vivirlos todos. De hecho, es necesario conocerlos todos, de ahí que estamos vivos, y estar vivos nos da la oportunidad de experimentarlos. Sin embargo, generalmente nos “clavamos” en cierto tipo de estados de ánimo negativos, y es cuando la vida se torna difícil, y se dice que la persona tiene una pobre calidad de vida, lejos del bienestar merecido por todos. La manera en que “nos clavamos” es la manera como nos hacemos la vida de cuadritos sin darnos cuenta de que somos nosotros mismos quienes nos lo creamos.

 

Pareciera que los estados de ánimo fueran involuntarios y no lo son, tenemos poder sobre ellos, y es muy importante aprender a dominarlos a través del autoconocimiento. Pocas veces estamos conscientes de ellos, y por lo tanto, vivimos como víctimas, sin darnos cuenta de que son nuestros pensamientos los que los generan, y que son nuestros pensamientos los que los perpetúan. Nuestra manera de pensar es la principal base para los estados de ánimo.

 

Lo que piensas gobierna tus estados de ánimo.

¿Piensas que no vales nada? Tus estados de ánimo tenderán a llevarte a sentir que no vales nada, así entonces, vivirás una cascada de estados de ánimo que van de la tristeza a la inseguridad y que se alimentarán unos a otros, generando más pensamientos, todos asociados a que no vales nada.

 

¿Piensas que la felicidad no existe? Pues así vivirás, infeliz.

 

¿Piensas que los humanos son todos unos traicioneros? Vivirás siempre a la defensiva y con profunda inseguridad en cualquier relación o, mejor, ni siquiera te involucrarás en una relación.

 

Almacenando este tipo de creencias la amargura se estaciona en tu corazón, y de paso, en el hígado.

 

Cada estado de ánimo está conectado con un pensamiento que nos surge de acuerdo a cómo se percibe la situación, y nuestros pensamientos tienen tanto poder que la mayoría de las veces acabamos viviendo eso que tanto pensamos y pensamos.

 

¿Qué te preocupa? Cuando una persona vive con una ansiedad constante, creyendo que algo malo va a pasar, termina por vivirlo. Las preocupaciones son como mini profecías que se cumplen por sí mismas de tanto pensarlas. Y, si examinamos este estado de ánimo tan común entre las personas, de vivir preocupadas e inseguras, desafortunadamente, lo viven; y lo viven porque ellas mismas lo crean para sí.

 

Es importante aprender a detectar el tipo de ideas que tenemos constantemente, porque a través de ellas podemos también identificar y llegar a conocer nuestros estados de ánimo, de tal manera que podamos tener control sobre ellos, y no al revés. Una vez que el estado de ánimo está presente, los pensamientos se tornan en la misma línea del estado de ánimo; es más, se vuelven reforzadores del estado de ánimo que se vive; por ejemplo, si hay una situación en la que se vive enfado, la generalidad de lo que pienses será así, con coraje, de mal humor, generando aún más enfado.

 

Un ejemplo bastante claro de cómo un pensamiento influye en nuestro estado de ánimo, es un miedo. Si analizas, los miedos son ideas absurdas acerca de algo que ni siquiera existe en el momento. Sin embargo, esa idea absurda la hacemos tan real que afecta el ánimo de manera muy evidente, tanto que, en ocasiones, puedes pasar días enteros sufriendo por algo que solamente pensaste que podía pasar. Es decir, si tu hijo o hija se va a Acapulco con sus cuates y tú piensas que es peligroso, que la carretera está llena de imprudentes, que también asaltan, que las llantas se ponchan, que los chamacos manejan borrachos porque son unos irresponsables, que bla bla bla… ya estuvo que te la pasaste muy mal desde que te enteraste que él o ella se iban. Y no solo tú la pasaste mal, tu pareja, tu madre, quien esté cerca de ti y por supuesto tu hijo o hija, la han de haber pasado horrible. Si a esto le añades que trataste en vano de impedir el viaje, sentirás frustración y vas a estar de mal humor el resto del tiempo. Probablemente te pelearás con quien más confianza le tengas y bueno… el malestar se irá agrandando o manteniendo hasta que algo en ti haga click… ya sea un chispazo de lucidez en el que te des cuenta de lo que, sin querer, estabas provocándote o algún evento que te sacó de tu semi-miseria, algo que te hizo reír o algo que te haya hecho llorar, pero algo que te ayudara a “explotar” para liberar tanta tensión. Pero si no tuviste la oportunidad de liberarte de ese estado de ánimo, seguramente entonces tendrás pensamientos fatalistas con cualquier otro evento o persona en tu vida. Y todo esto, puede durar hasta después de que tu hijo/a ya hubiera regresado de su tan temido (por ti) viaje.

 

Hay estados de ánimo que parece que llegaron para quedarse, como la ansiedad, la victimez y la depresión. Es importante detectarlos y es muy fácil hacerlo. Dime cuánto disfrutas de un día y sabrás qué tanta ansiedad o depresión cargas. Si ves que pasan los días y tú sigues igual, sin disfrutar, entonces te recomiendo que vayas a psicoterapia. Casi cualquier tipo de psicoterapia te va a ayudar. El chiste es que te des la oportunidad de volverte consciente y de vivir más estados de ánimo sin aferrarse solo a unos.

 

Así que, si has estado depre, entonces date el regalo de llenarte de energía, y si has estado “de genio” llévate al cine a ver una película simple que te puede hacer reír, o cómprate unas jícamas con chile y vete a un parque a comer mientras ves a los pajaritos jugar. Y, poco a poco, irás aprendiendo de tu vida y de cómo hacerte la vida más plena. Tú tienes el poder. De ti depende.

 

Ejercicio:

  1. Te recomendamos que identifiques qué estado de ánimo predomina en ti en este momento.
  2. Ponle nombre y examina qué tipo de pensamientos tienes alrededor de este estado de ánimo.
  3. Medita sobre la importancia que tiene y en qué puede estar afectando tus relaciones, ya sea personales o laborales, y sobre todo tu relación contigo misma/mismo.
  4. Si el estado de ánimo que descubres no te es agradable, entonces cámbialo a voluntad, cambiando tus pensamientos.
  5. Si, por el contrario, te gusta, entonces dale más fuerza y grábate la sensación que te produce para que lo atraigas a ti cada vez que necesites sentirte como ahora.
  6. Sabe que eres tú quien decide qué pensar y qué sentir respecto a cada experiencia de tu vida.

 

Y como dijo la Maestra Yoguini Anna Vega de Karussa Yoga: “Recuerda que un pensamiento positivo puede cambiar tu día, todo depende de ti”.

 

¡Gracias!

Ana de la Macorra

Escrito también para la revista Fernanda.

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Acerca de Ana de la Macorra

Ana de la Macorra

Poeta, escritora y psicóloga clínica, Ana de la Macorra, ha dedicado su carrera al servicio del crecimiento humano y la expansión de la consciencia. Entre su extenso currículo, sobresalen sus más de 25 años de experiencia como psicoterapeuta; la autoría y publicación de los libros Hondos los Suspiros y DIOSOY: ser esencia y en presencia; así como su papel como directora, fundadora y editora del primer sitio integral en servicios de crecimiento humano www.serluna.com