Lógica femenina y masculina

Por Bruno Díaz

Mientras la lógica masculina (no hablo de la forma de pensar del hombre) piensa en fines, metas, y pone marcas en el camino; mientras va dictando la hora, el día y el motivo de la reunión, está presente la lógica femenina (otra vez, no estoy hablando de la forma de pensar de la mujer).

Escribo esos aburridos paréntesis, porque he encontrado aún, mucha confusión. Se cree que el hombre es masculino y la mujer femenina, y no. Somos ambos, somos energía que se manifiesta y energía que se esconde, que se define, o busca definir y, la que abre y cambia… La luz del Sol, en esta lógica, sería masculina y la luz lunar, femenina; mientras la primera define y alumbra, la segunda sugiere y cambia.

La lógica masculina pregunta cuándo estarán listas las naranjas del árbol para preparar un jugo en las mañanas, en los cuatro o cinco días siguientes a la recolección, ya que ese tiempo es el que estarán “buenas”.

La lógica femenina sabe que, más que una fecha, hay un tiempo, un periodo en el que las naranjas van madurando; más o menos, porque la que se está pudriendo en el piso, contrasta con la que está a punto de desprenderse, que se cae llena de sí misma y, también, con la que está medio verde pero sabrosa, o la que está medio verde pero demasiado ácida y, aún más, difiere con la que se pudrió antes de “tiempo” o con la que no tiene dulzor. Todas en un mismo árbol, todas más o menos en una temporada, todas sin plan, sino con periodo y ciclos, cambiantes, no definidas.

La lógica femenina es circular, crepuscular, sugerente, asociativa, emocional, mientras que la masculina es racional y, a la que llamamos lógica, lineal, brillante, definitoria, separativa… La luz del Sol ilumina, pero es la misma siempre… La luz lunar a veces no está, a veces sí, sugiere, cambia, se posa ligera y argentea sobre las cosas, jala hacia sí el agua, invoca el aullido y cambia por completo el panorama.

No hay una que sea mejor que otra; si nos vamos a ver a las seis, es buena idea echar a andar la lógica masculina, si vamos a imaginar, la femenina. Si vamos a seguir la receta, hay que ser implacables, si vamos a improvisar, hay que saber fluir y no definir, sino inspirarnos.

Hombres y mujeres, somos el campo donde lo masculino y lo femenino, se definen sin definirse, se enamoran sin dejar de odiarse, dejan de definirse y se provocan, no son lo mismo, pero cada uno de ellos está en los límites (inciertos) del otro…

No hay masculino sin femenino, así como no hay luz sin sombra… ¿Ya te conté acerca de la Luzsombra?

Bruno Díaz

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com