Las vías del corazón

Por Bruno Díaz

El fin de semana, tuve la dicha de ir a dictar un curso a Chihuahua, el Estado grande de la República Mexicana. Para uno de los ejercicios de observación y reflexión, tuve a bien, hacer una diapositiva, con una vía de tren… Dos líneas paralelas que, por la perspectiva, se veía que se iban cerrando al final, perdiéndose en el horizonte.

Y digo, tuve a bien, por lo que sucedió con esta imagen, y que en este momento recuerdo con mucho agrado y quiero compartir en este sitio.

Le pedí a los alumnos, que resonaran con la imagen, para ir abriendo las asociaciones y la metáfora que subyace a cada situación de vida; independientemente del tema en cuestión, “abandono paterno”.

El resonar con la imagen, nos llevó por muy diversos caminos… Una de las alumnas mencionó que le parecía como si las vías salieran del corazón, y yo, redondeé la idea diciendo: “y tal vez, al corazón vayan…”

Así que esta es la imagen completa que quiero compartir:

Nuestra vida inicia con un acto de amor, mucho más básico que la cuestión de si en la concepción nuestra, hubo amor o violencia, presencia o egoísmo… Una célula de papá con una de mamá, y, esa célula en particular, en ese momento justo, encerraba, en conjunto con la otra, un universo desde el cual tú me lees en este momento. Eso, para mí, es un acto de amor ya en sí mismo, porque el amor es relación, apertura, exposición, trascendencia, transformación, vulnerabilidad y fuego sagrado.

Entre ese inicio de camino y el otro extremo (que vuelve a ser el corazón), está el camino que hacemos o no nuestro, que aprendemos a amar o no, que saboreamos o sufrimos… Así, cuando lo hacemos nuestro, amamos y saboreamos, que llegamos a un corazón que nosotros contribuimos a hacer… La vida vivida, la vida sentida, la vida plena de sentido, una vida para algo (aunque sea un algo que se desconozca, esto no importa).

Entonces, las vías van a un corazón, el que nos ganamos (el propio corazón, pero sentido como propio) que es diferente en cualidad del que partieron (el propio, pero inconsciente) con el que nacemos; vamos hacia un corazón que ya tenemos, pero que paradójicamente, nos tenemos que ganar. Si seguimos al corazón, estaremos en un viaje que, dura un parpadeo o una eternidad, es tan lejano, que todas las vías de los mundos son pocas, o es tan íntimo, como darse cuenta, que uno estuvo siempre ahí, de viaje, a punto de partir y habiendo llegado… Todo al mismo tiempo, o tal vez, más allá de él …

Bruno Díaz

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com