La sabiduría del día promedio

Por Bruno Díaz

Vamos a imaginar un día tuyo. Tratemos de promediar un día laboral… Recuerda un día de trabajo, de cualquier momento de tu vida, donde las cosas fluyeron tranquilamente y te sentiste muy en calma. Un día, donde parecía que las cosas estaban en su sitio; un día, tal vez de esos donde se siente un descanso, un respiro. Vamos a llamar a este día, un día meseta.

Ahora recuerda un día estresante, complicado, lleno de temas y de sentimientos encontrados, donde, es muy probable, que se sumaran temas incómodos de tu vida cotidiana, para hacer aún más incómoda la experiencia. Este lo llamaremos, un día de fracaso.

Y, compleméntalo con un día fantástico, donde has tenido logros y has sido reconocido, un día donde se ha puesto una medalla al esfuerzo, donde has conseguido un proyecto o un ascenso. Un día, podríamos decir, de triunfo…

Un día “promedio”, es un día que resulta de esos tres días que acabamos de imaginar. La gran parte de nuestros días transcurren entre estos y otros días posibles. No se trata de agotar el tema, sino de generar atisbos de esto que te quiero compartir.

¿Has imaginado la relación que puede haber entre estos días? Un día de triunfo es la “cereza en el pastel”, sin pastel, la cereza no tiene tanto sentido, pero sin cereza, sigue habiendo pastel. El triunfo es sostenido y amparado por muchos esfuerzos cotidianos, de muchos tipos y quizá ni cuenta te has dado… Un día de fracaso, suele ser el punto de quiebre para un nuevo emprendimiento, es el momento de soltar, despedirse y rehacerse, mientras que los días meseta, son los días que se van sumando en uno u otro sentido, para darnos al final la imagen de un ciclo completo.

El fracaso es el punto para detenerse y respirar, para retomar lo que se puede retomar, reconocer el esfuerzo y reinventarse. El triunfo es un dulce que no debe desconocer a todos los demás días que solemos volver anónimos ante su brillo y, los días meseta son el camino hacia los cambios y la consolidación.

El día promedio, es un día que rinde tributo al ciclo, el día promedio es un día que guarda dentro de sí, la fogata y la noche de canciones en el bosque de la vida, donde cantamos el triunfo, bailamos y bebimos, donde recordamos que también nosotros, aquí abajo, somos estrellas danzantes y fulgurantes, que repiten las danzas que van aprendiendo, de las estrellas siderales.

El día promedio, sabe también que la fogata y la fiesta, son cenizas. Brillo en la mirada, pero cansancio de las horas bailadas y bebidas. Hay que descansar y renovarse, hay que ser ceniza para enfriarse y aprender a descansar después del fuego, así, asimilados con la tierra, grises, descoloridos, fríos y leves al viento. La ceniza es recuerdo y es final y, todo final, abre un inicio.

El día promedio, reconoce el andar del día meseta y la importancia casi invisible de cada paso, cada respiración, cada pequeño hacer y soltar. Nunca hacemos lo grandioso, sino lo pequeño, que en algún momento es reconocido como grandioso, jamás estamos derrotados, sino que el fracaso es un llamado a reinventarse.

El día promedio es semilla; potencial que contiene la fogata, la ceniza y el ciclo entero, con toda fiesta, toda lágrima y todo andar… Después de todo, ya nos anunció Lao Tsé: hasta el viaje más largo comienza con un solo paso. Lo mismo con cualquier triunfo y cualquier fracaso. Hemos de dar un paso más, siempre, para salir tanto de uno como de otro, a un ciclo nuevo, dentro del gran ciclo que es la vida, en el gran ciclo, sin principio ni fin, de la existencia…

Bruno Díaz

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com