La necesidad de negociar en pareja

Por Xantall Nuilah

 

¿Cuántas veces te han cambiado la jugada en pareja?

 

¿Quién lava los platos? ¿Quién saca a pasear al perro? ¿En casa de qué papás pasarán las fiestas? ¿Cuántas veces a la semana tendrán relaciones sexuales? ¿Quién paga qué de los gastos de la casa? Y etcétera…

 

Es muy común que demos por sentado algunas cosas en pareja, sobre todo en los primeros meses de relación, pero, con el tiempo y al tener que ajustar rutinas para cumplir cada quién con sus obligaciones, comienzan a surgir esos “supuestos” y las cosas se ponen tensas.

 

Aprender a negociar es todo un arte que implica cuestionarnos si en nuestra relación permitimos que el “poder” haga su aparición. Si sabemos escuchar y si tenemos la capacidad de darnos a entender, la base de la negociación está en saber comunicarnos, pues implica tener la disposición de ceder, sin sentir que se pierde; a proponer, sin imponer, y a estar de acuerdo o en no estar de acuerdo, sin que ello implique falta de amor, consideración o cuidado de los afectos.

 

A mi parecer, casi todo se puede negociar, si la pareja está dispuesta al diálogo y a soltar el poder o la percepción del mismo.

 

Para algunas parejas uno de los temas más complejos de abordar es el tiempo de calidad. Por ejemplo: Una pareja pasa una mañana arreglando su hogar. Al terminar “A” decide que pasar el resto del día en casa es lo más adecuado, mientras que “B” prefiere salir un rato a ver a sus amigos. Entonces, “A” reclama airadamente: “Ya no pasamos tiempo juntos”; mientras que “B” pone ojos de plato y exclama señalando alrededor: “¡Y todo esto, ¿qué es?!”. Acto seguido, “B” da la media vuelta y sale por la puerta. Al regresar, los reclamos de “A” le llueven y “B” sigue sin comprender cómo es que, después de pasar una mañana completa juntos, resulta que le exijen más tiempo.

 

La idea o concepción del “tiempo de calidad” varía de persona a persona. Algunos incluyen los trayectos ida y vuelta al trabajo, otros no; pasar tiempo con amigos de uno u otro integrante de la pareja, otros no; ver películas, comer, salir de fiesta, otros no; mientras que, para algunos otros, el tiempo de calidad implica intimidad y sexo, así que “A” y “B”, en nuestro ejemplo, tienen por delante varios escenarios para analizar.

 

Las preguntas directas son ideales para este tipo de situaciones. Pensando en el ejemplo, preguntate a ti mismo:

 

  • ¿Qué es para mí “tiempo de calidad”?
  • ¿Cuántas horas son ideales para mí?
  • ¿Qué día prefiero?
  • El tiempo de calidad, ¿incluye las labores en casa, a los amigos?

Luego toca que la otra persona exponga sus propias respuestas a las preguntas.

 

Ante las respuesta, intenta escuchar con atención, no interrumpir, respetar la opinión del otro, evitar complacer para que se acabe la situación, expresar con claridad y sin insultos o reproche de por medio y tomar un tema cada vez.

 

Negociar un acuerdo donde ambas partes queden satisfechas es lo ideal. Asimismo, integrar momentos de flexibilidad al acuerdo es útil, sobre todo si hay hijos o familiares de por medio.

 

Poco a poco nos daremos cuenta de que el tema tiene varios abordajes, significantes, niveles de jerarquía para cada participante. Habrá temas que nos lleven más tiempo y otros que se resuelvan casi al instante. Aprender a diferenciar el grado de importancia que tienen es parte de la evolución en la pareja.

 

Negociar es hacer acuerdos recordando que la contra parte es la persona que amamos, y no un enemigo a vencer o domar.

 

Xantall Nuillah

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