La magia del “ahorita”

Por Bruno Díaz

Si eres mexicana o mexicano, o conoces a uno de nosotros, seres peculiares, entonces te has topado con la magia, a veces embrujo, del “ahorita”. Este elusivo tiempo genera sonrisas, lo mismo que genera conflictos o rispideces; puede ser del mismo color del cinismo o de la más ingenua falta de organización; puede inducir camaradería o la más irritante de las procrastinaciones.

Este extraño tiempo, un enigma en sí mismo, no es el futuro, ni el pasado, copretérito, o participio; no es el presente, ni cualquier tiempo verbal que imagines, es “ahorita”; no es el aquí y ahora, tan de moda desde la psicología humanista, o el presente eterno del místico.

 

El “ahorita” es un tiempo hipotético; se trata de una ficción que está destinada a “dar tiempo” al que la invoca de poder hacer algo. Aunque sabemos que el tiempo no puede darse como un regalo o quitarse. Pero, veamos más de este extraño tiempo:

El “ahorita” es una cualidad que pretende dilatar el tiempo y ponerle en una especie de pausa. El “ahorita” es un guiño como para pedir una prórroga, para solicitar una especie de tiempo fuera o para dedicarnos a otras cosas. El “ahorita” es un tiempo en donde habitan las cosas poco probables.

 

Está claro que estamos hablando de falta de asertividad, al “no poder” decir que no vamos a realizar algo o, al no comprometernos a un tiempo y espacio determinados, pero ¿y si nos tomamos el “ahorita” en serio? Mi abuela solía decir, que “’ahorita’ es ‘ahorita’”, queriendo evidenciar el carácter elusivo de conflictos y poniendo el énfasis en que había que hacerlo en ese mismo instante.

 

¿Y si reencuadramos el “ahorita”? Me dan ganas de mirar el ahorita como una aportación que podemos hacer para meternos en los instantes; el “ahorita” como el momento de la acción, del acto, y de los sucesos; el momento en que se efectúan las cosas, el momento en que la fruta madura, la música suena, el agua moja y el fuego calienta; el instante mismo del hambre o de las ganas de algo, de la tristeza o la alegría; una especie de gerundio: haciendo, viviendo, experimentando… A ho ri ta…

Ese “ahora” del que se habla tanto, podría estar poblado de múltiples “ahoritas” que, dándoles este giro, pueden ayudarnos a ver el matiz, sentir la cualidad, diferenciar, detenernos en gradientes y en diversos instantes. En el ahora cabría una infinidad de “ahoritas”.

Los “ahoritas” de la mente como los múltiples pensamientos, los del cuerpo y su selva de sensaciones, las relaciones y sus muchísimas clases y momentos, y en general en todos los fenómenos del mundo: en el ahorita, el fuego crepita y el grillo canta, tu ojo guiña y la voz vibra.

 

Así el “ahorita” estaría apuntando a un momento que está sucediendo ya mismo, en el que se trenzan múltiples acciones. Desde esta óptica, el “ahorita” ya no se escribiría con la tinta de la procrastinación o falta de asertividad, sino con la tinta vibrante del ya-está-siendo-ahorita.

 

Dentro del “ahora”, de corte más contemplativo, se mueven, vibrantes y pulsantes, una gran cantidad de “ahoritas”, como vívidas abejas trabajando en la colmena de la percepción.

Todo, lo estaríamos realizando “ahorita”,  en este tiempo verbal, en el que el “ahorita” nos sitúa en un presente dinámico, con un tinte humorístico, característicamente mexicano. Si no enfrentamos el misterio de nuestra existencia, con humor, podríamos volvernos acartonados y “sabihondos”.

Y tú, ahorita mismo, ¿qué “ahorita” prefieres?

 

Bruno Díaz

Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com