La enfermedad como camino: Más de Constelaciones Familiares

Por Violeta Hernández

Las enfermedades son mis asistentes para que el paciente encuentre
su propio camino y para que reconozca su lugar en el sistema y lo acepte.

VH

Algunas personas prefieren vivir con una enfermedad desconocida antes que “traicionar” a su madre. O hay quienes prefieren vivir con adicciones porque son fieles a lo que entienden como conciencia familiar   y condicionan su vida a ese destino infranqueable.

La conciencia (imperativos morales) sirve para mantener el vínculo en los sistemas a los que pertenecemos, ya sea al sistema familiar o a los demás grupos sociales a los que vamos perteneciendo a lo largo de nuestra vida. Gracias a ese vínculo, podemos sobrevivir desde el comienzo de nuestra existencia.

Al pertenecer a un clan nos aseguramos la continuidad en la Vida. La supervivencia se consigue sintiéndonos incluidos y será el examen de conciencia, el timón que determine cuánto estamos vinculados a nuestro sistema familiar como primer lugar de pertenencia. La necesidad de pertenecer a ese sistema es inmensa y vital.

La conciencia que nos permite conocer nuestra vinculación nos mantiene alertas para seguir las reglas de cada sistema.

En un sistema familiar o de amistad se tienen comportamientos que en los ámbitos laborales serían impensables.

Cuando cumplimos con la conciencia familiar tenemos “buena conciencia” y, obviamente, cuando no cumplimos tenemos lo contrario.

En los diferentes grupos de amigos en diferentes etapas de nuestra vida tal vez sea que esté bien visto vestir de una forma, ser de un club de fútbol o fumar y, por el contrario, en la casa de los padres no están permitidas ninguna de esas cosas.

Es posible que esos padres, e incluso los hermanos, no fumen, odien el deporte y vistan de una forma diferente. Está claro que, con los amigos tendrás un tipo de conciencia diferente a la de tu familia.

De esta forma te podrás sentir perteneciente a un sistema o a otro, dependiendo de comportamientos que elijas. Cabe mencionar que la conciencia individual choca con la conciencia familiar, social o del clan.

Esto nos lleva a sentirnos inocentes o culpables.

Por supuesto, esta conciencia nada tiene que ver con regla moral alguna, “las peores cosas se pueden hacer con buena conciencia”, afirmó, Bert Hellinger*. Muchos de los supervivientes nazis se sienten inocentes y sus descendientes sienten a estos antepasados y a ellos mismos como inocentes.

Lo mismo ocurre con los sistemas inhumanos. A nadie le gusta sentirse culpable, ya que, eso sería sentir que traicionamos a nuestro sistema-nación. Es una lealtad profunda.

La mala conciencia se genera cuando se traiciona la conciencia del sistema.

En muchas ocasiones, la conciencia individual, quiere separarse de la conciencia familiar y la social, esto crea un malestar grandísimo, que puede derivar en un efecto somatizado ante ese conflicto.

Seguir o no seguir a la conciencia familiar marca un proceso intrapersonal profundo. Cuando eliges seguir tu camino aceptando que, te desligas de las fuerzas inconscientes que te mantienen vinculado a tus raíces, de una forma tan pesada que te impide caminar, creces y comienzas a mirar hacia tu futuro.

Llevar ese tipo de cargas impide el crecimiento personal profesional hay personas que eligen ser costaleros para continuar con la tradición de su sistema, aunque les pese y les duela. Todo con el fin de no sentir la culpa de traicionar al Pasado, a la familia, o al clan.

Y ese dolor inconsciente, ese sentimiento de culpabilidad, se traduce muchas veces en enfermedades, ya que, no solo llevo el peso derivado de mi sistema familiar, sino también el del sistema social con sus conciencias particulares. Las dos conciencias incrementan mi peso, mi culpa, que en mi cuerpo se traduce de una forma clara a través de la somatización.

Una persona con una enfermedad desconocida y a la que los médicos no encontraban cura; a la hora de hacerle una constelación se vio que el representante del síntoma se acercaba amorosamente a un hijo no nacido de esta persona. Un aborto en el pasado.

Cuando los tres representantes, cliente, síntoma y aborto estaban de acuerdo con esa hipótesis, el síntoma le dijo al niño “yo te pertenezco”; en ese momento, se produjo el acto liberador del comienzo de la sanación, es decir: reconocer lo que es. El hijo no nacido era un secreto para el resto del entorno familiar y de amistades incluso.

La solución terapéutica era sencilla: que el hijo no nacido ocupara su lugar en el sistema para restablecer el orden roto. En suma, restituirle a la familia su hijo, que desapareciera esa exclusión, que se supiese de su existencia.

Pero a veces sucede; el cliente en cuestión eligió continuar con la enfermedad, es decir, con la carga, antes que anunciar a su familia que había cometido un acto no permitido de esa comunidad. No pudo “traicionar a esos dos sistemas”, tenía mala conciencia.

En este caso esa conciencia es limitante y no permite vivir saludablemente. Nosotros somos capaces de elegir, consciente o inconscientemente, lo que hacemos en la vida.

En muchas ocasiones, cuando no se quiere sanar, también es una elección. El principal meta-principio sistémico trata de aceptar lo que es, aunque esta verdad sea dolorosa.

Solo el asentimiento de la enfermedad puede liberar.
“Enfermedad que sana”

Violeta Hernández
Consteladora Familiar

*Bert Hellinger, aquí su biografía

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Acerca de Violeta Hernández

Violeta Hernández
Hace tres años inicié mi camino como terapeuta y, a la par, inicié mi desarrollo en la técnica de Constelaciones Familiares; esto me cambió la vida, mi forma de mirar el mundo que nos rodea, y lo más importante: es que me enseñó (y me sigue enseñando) a conocerme, a saber quién soy y de dónde vengo. Esto ha modificado mi calidad de vida emocional, y con ello, mi convivir día a día con mi familia y los que me rodean. Para consultas me puedes escribir a violeta.herami@outlook.com o también llamar al teléfono: +52 (55) 73131833 y al whatsapp 52 55660704443