Hacer Alma

Por Bruno Díaz

 

En mi artículo anterior “Nacer y morir, extremos… La vida no tiene oposición…”, cerré con la idea de que, si somos humanos, nos toca “hacer” alma. Mencioné que hablaría brevemente de esto, así que quiero compartirte este escrito.

Esta idea de “hacer alma” es una distinción que hace la escuela en psicología Arquetípica o Arquetipal, que retoma a Jung en varios sentidos, pero que lleva el tema de los Arquetipos a múltiples visiones y direcciones. Pienso en el tema de “hacer Alma”, siguiendo especialmente el pensamiento de Thomas Moore.

John Keats, un poeta británico Romántico de finales del S. XVIII y principios del XIX, acuñaría la frase de que, “este mundo no debe ser llamado un valle de lágrimas, sino el Valle de Hacer Alma…” en el sentido de que somos brasas de la divinidad, pero que no se puede llamar propiamente Alma, hasta que no adquirimos identidad y un self: La vida que sentimos nuestra, la vida que nos conmueve y emociona, la vida que está llena de todas las emociones y tránsitos humanos, las mayores glorias y fracasos, las profundas heridas del corazón y las bellezas que surgen de la vida, así, tal y como es vivida por cada pueblo, por cada tiempo, por cada ser humano y, muy en especial, en la intimidad del corazón.

El corazón, ya no como órgano físico, sino como un tipo de consciencia, percepción y relación es, de alguna manera, el centro mismo del Alma y de todo lo que nos ha importado e importa como seres humanos. Podemos asomarnos a ello en todo lo que expresa de trascendente la música, la danza, la poesía y en general el arte… El Alma, siempre está buscando encarnar y vivir esos profundos misterios de la vida, la muerte, el desamor, la traición, la gloria, el éxtasis, la comunidad, la amistad, los nacimientos y las muertes…

Hacer Alma está relacionado con vivir más profundamente nuestras experiencias humanas, mucho antes de querer trascender y “elevarnos”, al Alma le encantan las historias, las leyendas, las imágenes, los cambios en la música entre culturas, los sabores de la comida y dejarse acariciar junto a la fogata de una vida más sencilla, pero paradójicamente más compleja.

Aquí distingo entre complicado y complejo. Complicado es cuando queremos que las cosas sean como queremos y dominamos, lastimamos, manipulamos y destruimos. Lo complejo tiene que ver con las infinitas capas de percepción presentes en un atardecer, en un abrazo, en una cerveza con los amigos, en la música, en hacer el amor o en tratar de describir un sabor.

Es, interesante también, que, desde la perspectiva del Alma, no hay nada a sanar, curar o “cerrar” (como cuando decimos cerrar ciclos), sino experiencia a vivir y que sean ellas, las experiencias, las que nos enseñen a ser más sensibles, más humanos, más genuinos…

El Gran Misterio, se nos presenta a cada uno, por medio de nuestra Alma, por medio de nuestro “interior” que empuja para ser vivido, que nos provoca con una fantasía, con una ensoñación, con múltiples imágenes y llamados.

 

Pensemos en lo siguiente:

No sé qué edad tengas, pero probablemente te has enamorado y dentro de tus historias de amor, has vivido muchos de los temas de lo humano: la pasión, el olvido, los celos, la atracción, la fatalidad, la disolución del amor, un amor maduro, la libertad o el atraparse, las ideas de santidad o de profanación, la lujuria y la ternura… Creo que me he dado a entender.

Cada uno de estos temas humanos y todos los que te hayas podido imaginar, como por ejemplo pensar en los enamoramientos, todos, tienen que ver con el tejido de tu Alma. La manera en que los encuentros y las relaciones te han herido y te han hecho poner atención, has sanado y has dudado, has cambiado y te has dado cuenta de muchas cosas. Eres diferente… Darse cuenta de estas vivencias y ponerles atención, corazón, cariño, imaginación, es lo que nos lleva a hacer Alma.

Nos toca cuidar de nuestro interior, hacer caso y relacionarnos con lo hermoso y lo terrible que sentimos en nosotros, con lo que nos avergüenza y enorgullece, con lo que nos hace más sensibles, sensitivos y humanos. El Alma se hace en relación.

A veces me gusta decir que las relaciones son el tejido del Alma… y aquí, otra vez, hay mucho que decir pero lo dejamos para la siguiente publicación.

Por Bruno Díaz

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com

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