¿Éxito o evolución? Dos modelos de vida

Por Alex Slucki

La sociedad moderna está sedienta: de amor, ciertamente; de conexión a pesar de que jamás hayamos tenido tantas herramientas como en la actualidad para la comunicación a corta y larga distancia. En este desierto asfáltico de las ciudades modernas, de un ritmo cada día más acelerado, la sed de satisfacción inmediata también se suma a la necesidad de mantenernos informados, al corriente y siempre demostrando (al menos en las redes sociales) nuestra versión de lo que éxito significa.

Sin desdeñar su importancia, resulta necesario señalar que este modelo de éxito se ha sobrevalorado, quizá por demasiado tiempo. El concepto de éxito pareciera ser la única manera que los medios comprenden que se puede destacar en esta vida; se realizan tantas locuras en nombre de este éxito esquivo… que, encima de todo, ¡puede desaparecer de la noche a la mañana!

¿Cuántas historias no se ha inventado Hollywood con el tema de éxito alcanzado, vuelto a perder y luego recuperado en una versión distinta?

El problema del éxito es que ofrece muchas riquezas basadas en expectativas de lo que sucederá una vez logremos esa versión sospechosa del “Felices para siempre”.

La fórmula del éxito: enfrentar unos cuántos demonios en el camino a la cumbre; templar nuestro espíritu en el viaje heroico de la transformación mediante un esfuerzo reconocible que la sociedad pueda, eventualmente, aprobar y aplaudir; no ceder ante nada ni nadie hasta alcanzar la meta… prepararse, disciplinarse, hacer nuestro máximo esfuerzo y luego, una vez alcanzado, gozar de un nuevo status social.

Quien crea que el éxito es una carrera a la cima de una montaña después de lo cual todo será más fácil vive un engaño, ya que otro de sus problemas es que también resulta efímero.

La escritora Elizabeth Gilbert, autora del famoso libro autobiográfico: “Eat, pray, love” (“Come, reza, ama”) nos cuenta que una vez se acercó una lectora asidua quien, en lugar de pedirle su autógrafo, la compadeció diciéndole: “Qué pena que seas tan joven y ya hayas llegado a la cumbre de tu carrera. ¿Qué harás después de haber escrito tu mejor libro?”. Un comentario así podría deprimir a cualquiera. El éxito puede tener sus momentos de gloria, pero el modelo en sí está fallido por varias razones.

En primera, el esfuerzo que supone mantenerse célebre debe suceder una y otra y otra vez. La idea de perder la popularidad ganada, la fuerza inspiradora en nuestra creatividad o el privilegio de estar en los “primeros lugares” puede resultar tan aterradora como probablemente lo fue para los heroicos actores del cine mudo, cuando la gran pantalla se reinventó a sí misma con la magia del sonido. “El Artista”, la ganadora del Óscar como mejor película del año en 2012, ilustra este punto con gran lucidez: si no te adaptas a las fórmulas del éxito, terminarás siendo un Don Nadie.

¿Es realmente cierto este modelo? Yo lo dudo. Si el Universo que habitamos nos narrara su versión de éxito, ¿qué nos diría? ¿Realmente se trata de una lucha por la supervivencia? Podría interpretarse de esta manera. Pero en realidad, no hablamos del Universo como “exitoso”, sino de uno en constante Evolución. Y he aquí la radical y milagrosa diferencia: mientras que el éxito jamás es perdurable; mientras que genera la agonía del estrés a quien busca preservarlo, en tanto que depende del hecho social y la aprobación del momento y que, encima, no ofrece garantía alguna, con lo cual el no alcanzarlo podría resultar en un desastre psicológico… ahí está el otro modelo que muy pocos reconocen, pero en cuya simiente se encuentran las raíces profundas y perdurables de la auténtica paz interior.

Saber que podemos elegir el modelo Evolutivo versus el de Éxito, significa comprender que tenemos una garantía de por vida: no importa lo que hagamos o dejemos de hacer; sin requerir de currículum alguno, ni una herramienta específica, ni siquiera un esfuerzo particular, el modelo Evolutivo nos presenta a diario con todas las oportunidades para la expansión de nuestra consciencia y naturalmente nos orilla a aquellas experiencias que más nos beneficiarán, libres de calificaciones, sin dependencia de público alguno y para nuestro máximo bienestar por el resto de los días que nos quedan de vida.

La garantía espiritual del modelo evolutivo es que no existe manera de fracasar: ciertamente no lo hicimos desde el momento en que nacimos a esta vida, una sola probabilidad entre trillones, con características exquisitas cuya suma nos define como únicos entre todas las especies y frente a la humanidad entera. La Evolución no requiere de calificaciones, premios, trofeos ni medallas. La satisfacción de sabernos como seres en constante crecimiento se basa más en sensaciones y sentimientos de este instante, lejos de ser un objetivo a alcanzar en algún futuro altamente improbable. La Evolución nos retroalimenta permanentemente basados en cómo resolvimos situaciones de lo más cotidianas y nuestro tesoro más preciado se albergó en el corazón como una memoria de triunfo, que no es un sinónimo del éxito. Mientras el éxito es un hecho mayormente solitario, pues ilumina únicamente a aquel que lo experimenta, el triunfo de la evolución es un trabajo en equipo. Entre más presencias participen de una experiencia, más pronto evolucionaremos, pues estaremos expuestos a más similitudes y diferencias con las cuales poner a prueba nuestros valores, percepciones, sentimiento y flexibilidad. Nada escapa al modelo Evolutivo; mientras que el éxito huye de la gente continuamente. Y tiene sentido: esas cumbres resultan de lo más solitarias y poco gregarias, pues cancelan la visión de que todo elemento de esta creación está participando activamente en la evolución personal. Incluso una araña puede ser nuestra gran Gurú en un momento dado en el modelo Evolutivo, pues el espíritu cobra forma en todas las cosas, materiales e inmateriales. La Evolución vive en todas partes y en todos los seres: desde una flor hasta la idea más reciente que inspire a nuestras almas y las impulse a volar.

Mientras que el modelo del éxito parece más atractivo, también conlleva mucho mayores riesgos, pues su exclusividad genera una atmósfera de competitividad acérrima, mientras que la Evolución invita a la participación del Todo y sugiere que no existen los roles pequeños, solo aquellos que aún no se comprenden como esenciales para esta Creación. Existen especies que han evolucionado durante millones de años y ciertamente están mejor organizadas y en mayor armonía que la especie humana. ¿Qué tan fundamental resulta el éxito, entonces? Aunque dudo que exista una sola respuesta, solo me queda suponer que únicamente lo será en tanto que se integre, de forma auténtica, al modelo de la Naturaleza y nos permita Evolucionar sensiblemente.

Alex Slucki

 

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Acerca de Alex Slucki

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Mi pasión es trabajar con los Arcángeles y Maestros Ascendidos de quienes he aprendido la mayor parte de lo que sé. A lo largo de 20 años sus enseñanzas se han convertido en todo un sistema para el desarrollo Integral del ser humano, abarcando todos los temas universales que comprenden una vida en la Tierra y también en conexión con el Cosmos. Busco a través de mis técnicas elevar la consciencia del Ser, incrementar la vibración de amor, luz, prosperidad y bienestar de nuestra propia frecuencia y del planeta y lograr la Interconectividad de todos los seres con las otras dimensiones. Los Mensajes de los Arcángeles y los Maestros Ascendidos son la base para lograr un continuo crecimiento y, ya sea de forma paulatina o espontánea, experimentar nuestro máximo potencial y también nuestra iluminación. Al lado de Jorge Medina Velten, hemos fundado el proyecto Cielo-Tierra mediante el cual ofrecemos salud integral de cuerpo, mente, emociones y alma. Jorge me complementa dando masajes para que la energía que se mueve en las sesiones quede bien integrada y aterrizada. Hemos realizado este trabajo juntos por cerca de 13 años y en varios países como: México, EU, Canadá, España, Guatemala y Holanda.