Manténte en la esencia y aprende cómo, desde tu respiración, te liberas y creas

Por José Marti

… Qué fácil es caer en la angustia, en el miedo; es que se nos olvida quiénes somos y para qué estamos aquí.

Lo primero que aceptamos para venir acá fue nuestra humanidad, entonces no podemos estar rechazándola.

El tema es estar consciente de lo que estás sintiendo, de lo que estás pensando y dejarte de identificar con eso. En el momento que te das cuenta qué estás sintiendo y lo observas, ya es un primer paso de desidentificación.

La gran mayoría de la gente en el mundo vive identificada totalmente; o sea “estoy sintiendo esto y esto es lo que soy”. “Estoy pensando esto y esto es lo que soy”. En el momento que dices “estoy pesando eso, mi mente está pensando esto, mi corazón está sintiendo esto, mi cuerpo está sintiendo esto… Lo estás observando pero no luchas con eso, ni lo juzgas siquiera. Simplemente te das cuenta que ahí está. Porque el Observador no tiene tendencia alguna, y ese es el que somos: no tiene preferencia, no tiene tendencia, no tiene expectativa alguna; solo observa y en ese observar sin juicio, sin expectativa, es que ayuda a volver todo al equilibrio; es el hacer sin hacer.

Porque en la misma línea de lo que decía Ana, si le pones toda la atención a quitar eso, es lo mismo, está siendo el ego lo que está trabajando. “No debo sentir envidia…”  Tu esencia no te está diciendo eso. Reemplazas un juego del ego con otro, simplemente… Pero es estar en el punto neutro de observación simplemente y ¿qué es lo que nos impide o lo que nos cuesta trabajo?.

Entonces lo que… si se pone cada uno a sentir qué es lo que nos impide, qué es lo que te impide lograr ese centro neutral sin tendencia, sin deseos, sin expectativa…, ¿qué es? y en cada uno es algo diferente pero finalmente es el ego, es la manifestación del ego que nuevamente no es en sí malo porque es lo que nos tiene aquí.

Pero lo que estamos haciendo aquí es hacerlo consciente para que entonces lo que es permanente se manifieste sobre lo que es impermanente que es lo humano.

No es que uno domine al otro porque el otro es malo, sino que los dos jueguen el juego de la Vida en la consciencia del Ser que somos.

Pero hay un trabajo que hacer ahí que no es fácil porque para estar aquí se creó la dualidad, o sea estamos aquí gracias a la dualidad, y la dualidad misma es una dinámica de fuerzas opuestas que crean esas tendencias, sin tendencias no hay movimiento.

El problema es que, en tiempos como este, como muchos de los que ha vivido la humanidad, una de las tendencias domina a la otra, no hay un equilibrio; y eso frena el camino hacia la autorrealización y el descubrimiento de quién somos, y la plenitud.

Entonces no estamos aquí para eliminar la dualidad, estamos aquí para equilibrar.

¿Equilibrar qué? El excesivo enfoque en la humanidad, en el ego, en lo impermanente, y en la inconsciencia del infinito, del permanente, del que somos en esencia.

Y entonces sí, nosotros tenemos que aumentarle la atención a esto, a estar en la esencia, ¿qué es lo que tenemos que hacer?

Entonces, si para. eso estamos, y estamos en un tiempo que lo necesita, que lo requiere, lo que les propongo es que practiquemos eso: que desarrollemos, que fortalezcamos nuestra capacidad de mantenernos, de conectar y de mantenernos en la esencia.

La práctica única y más perfecta para eso es el silencio total… Si fuéramos ya todos Maestros avanzados, simplemente, haríamos eso: silencio total porque solo en el silencio se puede manifestar el infinito, lo incontenible; el silencio no tiene límite.

Pero el grado que tenemos esta humanidad, esta personalidad, este vehículo, que incluye esta mente, necesitamos de un proceso y de un tiempo para llegar a eso. La mente que fue creada para dominar, para controlar, para entender, para comprender, evidentemente se siente amenazada ante el silencio absoluto porque no ve en sí misma el sentido de Ser, y hablábamos hace unos días de ese vértigo, de ese miedo que entra, de ese sin sentido que entra en nosotros cuando iniciamos el camino del silencio, del reencuentro.

Empieza entonces por bendecirlo todo: tu cuerpo, tu mente, cada parte de ti. Todo lo que conforma hoy tu vida, bendícelo, agradécelo… y reconócete en ese acto de agradecer y bendecirlo todo, pues que ahora ya no lo haces con expectativa: agradeces para tener más o bendices para que te vaya bien… Bendices, porque reconoces quién eres y sabes que todo es perfecto y a tu servicio está. Agradeces así: desde tu total consciencia de ser el Todo. Bendice las partes. Eres el centro, porque eres la Esencia, el Origen.

Toma consciencia de tu respiración y hazla cada vez más profunda, más lenta y rítmica. Con cada inhalación siente cómo tu cuerpo se llena de energía, de luz, de vida, se alimenta. Con cada exhalación siente cómo dejas ir todo aquello que cubre tu brillo, tu paz, tu alegría, porque no tiene que ver, con el milagro de estar y de ser, todo aquello que está relacionado con lo que pasó, pasará y está pasando pero que a tu ego no le gusta, te impide disfrutar, te impide ver el regalo más grande, la demostración más grande de amor y poder que es tu Vida, tu existir en este momento, en este instante.

Inhala profunda y lentamente… y exhala.

Y mantén ese ritmo hasta que sientas que solo hay agradecimiento en ti, por lo que está sucediendo en este instante, por el solo hecho de existir. Observa a tu mente cómo sigue trayendo a ti pensamientos, ideas, deseos, expectativas; y exhálalos, vuélvete a llenar de luz blanca, pura, energía neutra, que alimenta cada célula en ti; y exhala ideas, deseos, pensamientos, recuerdos, y simplemente déjalos ir.

Ve exhalando, ve desechando poco a poco, tus creencias, tus miedos, tus ansiedades, tus juicios…Con la sola respiración déjales que fluyan por sí mismos, nos los quieras tú sacar, porque eso sería luchar con ellos. Con el ritmo de tu respiración, con la profundidad de tu respiración la energía que generas le da cauce a todo ello para salir por sí mismo de ti; cuando tú no pones la atención en ello, solo se va. Reconoce que ahí está y déjale ir hasta que te quedes solamente con el aliento; el aliento de vida que sostiene tu respiración, sin ningún esfuerzo tuyo… ¡tienes vida!

Tienes, repito, la demostración más grande de poder y de amor que es tu Vida; ya la tienes sin ningún esfuerzo tuyo ¿por qué entonces habrías de esforzarte por cambiar todo?

Si lo más grande ya está manifestado en ti, el trabajo no es cambiar nada, no es luchar con nada, es impregnar el Todo de quien eres tú.

¿Qué tanto has sido capaz de mantener un ritmo de respiración? ¿O cuántas veces se te olvidó ya por poner la atención en otra cosa que no es el estar? ¿Tu propio estar? ¿Tu existencia, nada más…?

En el camino hacia adentro los parámetros cambian y los principios; los obstáculos no se buscan evadir, se toman de frente, te internas en ellos. Toma por ejemplo el dolor: la tendencia natural de tu mente es buscar la solución para el dolor, evadirlo de alguna forma, luchar con él. Cuando vas hacia adentro, retomando la consciencia de quien eres, el dolor se enfrenta hundiéndote en él, haciéndote uno con él, aceptándole, sintiéndole, y en ese acto, transmutándole, hasta que por sí mismo desaparece. Tú no lo hiciste desaparecer, el dolor se asimiló en sí mismo, en la Luz que tú eres, en el infinito que tú eres.

Trabaja así cada obstáculo que se interponga en tu camino, en esta búsqueda, en este camino hacia adentro, al Silencio, al Yo, y solo ayúdate con la respiración. Si el dolor es intenso, intensifica la respiración y con ello hazle fluir pero no le evadas, siéntelo.

José Marti

Acerca de José Marti

José Marti
José es un fiel amante de la naturaleza y de estar en continuo contacto con ella. Ha dedicado su vida al servicio de las personas en su ambiente laboral. Caminó al lado del maestro espiritual y gran amigo, José Luis Villanueva y, desde entonces, se rebeló como un leal transmisor de la enseñanza del Maestro, compartiendo los mensajes de amor y expansión de consciencia hasta el día de hoy.