Ese, quien tú eres: Tu Presencia Divina

Por José Martí

Tu presencia es todo lo que necesita el mundo. Tu presencia total, tu presencia real. No la de tu ego que pretende, que recuerda, que busca, o que anhela; que cree no tener, que siente la necesidad de llegar, que duda de su capacidad, de su dignidad; todo ello es propio del ego, no te sientas mal. Tú aceptaste este vehículo, vehículo que como tal, por definición, te limita, porque te contiene. Al menos en la experiencia de la experiencia, en la sensación de la experiencia; porque tú, en quien eres, incontenible eres, infinita, hermosa, siempre.

Te hicieron creer por mucho tiempo que algo te faltaba, que a algún lugar tenías que llegar, que tenías que esforzarte para merecer, para estar en paz, para ser aceptado, para ser amado. Y esa mente, esa mentalidad, que es parte de tu vehículo, lo creyó, lo aceptó y lo hizo parte de sí mismo, parte de ti mismo, de tu imagen, de tu identidad.

Tira todo ello ahora, deja a un lado las creencias, y vuelve al momento en que naciste: ¿Quién te exigía qué, para ser feliz, para estar en paz, para ser pleno en ese momento? Cuando solo eras consciente de estar vivo, de la VIDA, y esa consciencia no era comprendida por tu mente, era simplemente consciencia a través de la experiencia, a través de los sentidos y el milagro de la vida.

Vuelve a ese momento, vuelve atrás. Recuerda, siéntelo. No habían planes porque no sabías lo que era planear no sabías lo que era el tiempo. Por lo tanto, recuerdos tampoco. No sabías ni tu nombre. No sabías de ti, simplemente sabías, experimentabas el milagro de existir. Vuelve él, vuelve a ello, donde solamente sientes el milagro de existir. De ser.

¿Qué te falta ahí? Nada.

¿Cuál ansiedad?, si estás donde quieres estar, porque no hay otro lugar más que ese, el único que conoces que es estar con vida. Experimenta ese momento. Llénate de él, llénate de ti. Aún eres y serás siempre esa presencia. Esa es la presencia. Esa eres tú.

Cualquier cosa que sucediera en tu entorno no te molestaba, no te preocupaba, estabas contenida en el Amor, en tu propio amor, que fue el que te trajo a aquí, a esta Tierra. Porque no es ni siquiera el de tu madre o el de tu padre porque ese no me consta que lo tuvieras. El que te trajo aquí fue tu propio amor, tu propia fuerza, fuiste tú. Así de completa llegaste. Así de fuerte llegaste, Así de convencido, por ser quien eres, en este tiempo y espacio a manifestar eso que eres: el AMOR.

Siéntelo. Siéntete, regresando a ti: A Quien Eres.

Y ahora dime si eso que ahora sientes puede morir algún día. ¿Puede perderse? ¿Depende de algo? ¿De alguien? No ¿verdad? Eso que sientes, es eterno. Eres tú, que por un instante en la eternidad deseó tomar un cuerpo para experimentar. Eso que eres, eso que sientes, siempre será. Siempre.

Quiero que conectes, no con la comprensión del entendimiento de lo que estoy diciendo, quiero que lo sientas, quiero que te sientas, que sientas ese momento de plenitud cuando no tenías consciencia aún de ser un cuerpo, o de estar en un cuerpo. Eras quien eres en plenitud.

Esa es la presencia que estoy llamando, que estoy buscando despierta en ti, y recuerdes, y lleves contigo, y grabes nuevamente en cada célula del cuerpo para que cuando salgas de aquí, en tu día cotidiano, puedas detenerte, cada paso volver a este sentimiento, volver a esta emoción, y llenarte del convencimiento de ser quien en verdad eres tú, y así llenarás la vida, así nutrirás al mundo con esa presencia que siempre fuiste y siempre serás.

Ya no más lucha con la mente, tratando de educar, de adoctrinar a un instrumento… a este no se le domestica, más bien se trabaja en expresar y en experimentar y sentir la presencia que sí eres; con ello la creencia por sí sola se minimiza, se disminuye y se esfuma.

Toma consciencia, sí; date cuenta, cuando deprimido te sientas que hay una creencia ahí atrás que te está haciendo sentirte deprimido. Cuando triste te sientas, date cuanta que hay una grabación, que hay una expectativa, que hay una desilusión fabricada por esa mente pero que no eres tú. No luches con tu mente, solamente observa eso que tu mente fabricó y di: “Eso fabricó mi mente, pero yo soy quien ahora siento. Yo soy el Amor”.

Vuelve a lo eterno, vuelve a lo permanente en ti, no a lo que depende, de que logres, de que te acepten, de que llegues, de que te perdonen. Son inventos de tu mente…. de tu ego para el juego, simplemente.

Bendice el juego y simplemente di “ya no lo quiero jugar”. “Quiero seguir aquí pero sintiendo la plenitud de la Paz que Soy, que he sido y que siempre seré. Porque Soy hijo de la Luz. Porque soy hija del Amor; manifestación divina del que Es, el Creador.

Eso, eso que eres, jamás podrás cambiar, porque eso eres. Es tu elección de ello disfrutar o ponerlo en un rincón para seguir jugando el juego de llegar, de merecer, o de alcanzar. Es tu elección. Quien tú eres, nada lo cambiará.

Tú dices cuándo, esa es tu libertad. A partir de cuándo quieres vivir la plenitud, la Paz, la Luz y el Amor que eres.

Y mientras en esta Tierra sigas, las emociones propias del ser humano experimentarás pero en consciencia, en la consciencia que a pesar del dolor, a la plenitud te llevarán por tu elección de recordar, en cada experiencia, quién eres tú. Y entonces el dolor podrá continuar pero el sufrimiento cesará, y la plenitud se construirá, avanzará y llenará cada rincón de tu vida y la de aquéllos a quienes viniste a amar. Ese es tu llamado y ese es tu camino. Tu camino eres tú, nada más.

(pausa de silencio)

La consciencia no se utiliza para escapar del sufrimiento. La consciencia es una decisión que tomas de poner la atención en Quien Eres, en la presencia de Quien Eres. Y sabiendo que, la emoción o la experiencia que no te gusta, ahí está, la miras de reojo, la reconoces, la sientes, te familiarizas incluso si quieres con ese dolor, con esa incomodidad de esa experiencia, simplemente para decir “de esto no quiero más, porque Soy quien Soy, y eso quiero expresar”.

La consciencia, entonces, es una elección de plenitud, no un escape del sufrimiento.
La consciencia, repito, es tu elección para volver a tu presencia pura, auténtica, absoluta, con la que llegaste a este mundo y viviste por algún tiempo.

Recobrar esa presencia y traerla a cada instante de tu día, a ello te invito. Te invito a la libertad. La libertad de tu propio camino de quien eres tú. Que así sea.

(pausa de silencio)

¡Qué claro queda ahora, que el camino es hacia dentro!, no hacia fuera. Es hacia ti. El camino es hacia ti.

No hacia tu ego… No a satisfacer las carencias de este. Hacia ti, el que nació sin ego y que en un cuerpo, era Cristo, cristalino, tan transparente que era pleno.

Ahí hay que volver. A ese, a ese que decidió venir a esta Tierra y llegó así: PLENO. Siendo que, quien es, sin tener consciencia quizás en ese momento de tan grande ser, de tan grande milagro, de tanto poder y solo en la sonrisa lo expresaba, en la inocencia, en la ternura… Ese eres tú. Vuelve a ti y tráete a este momento, a este momento de vida y sana cada parte de ella, con esa Presencia, con tu Presencia; con quien siempre has sido y serás. ¡Que no te vuela a engañar la mente, que nada te falta!, solo tienes que recordar, recordarte y volver a ti

Cuando dijo: “Yo Soy el camino, la verdad y la vida”, se refirió a ti, a aquél al que le estoy hablando en este momento.

Ve pues en paz, que vas contigo.
Te amo.

José Martí

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Acerca de José Marti

José Marti
José es un fiel amante de la naturaleza y de estar en continuo contacto con ella. Ha dedicado su vida al servicio de las personas en su ambiente laboral. Caminó al lado del maestro espiritual y gran amigo, José Luis Villanueva y, desde entonces, se rebeló como un leal transmisor de la enseñanza del Maestro, compartiendo los mensajes de amor y expansión de consciencia hasta el día de hoy.