El poder sanador del huerto orgánico

Por Lourdes Plata

El año pasado les regalé a mis niños una caja con huevitos de chocolate, esos huevitos que traen un juguete dentro. El azúcar y el pseudo-chocolate los puso como locos por dos horas, el juguetito les duró como un día, pero lo mejor fue la cajita de plástico que contenía los juguetes pues, en un momento de inspiración, se me ocurrió que podía utilizarlos para sembrar.

De entrada, pude descargar mi conciencia, pues a veces me siento mal de regalarles alimento chatarra a mis hijos, pero caigo en la trampa para no parecer la amargada de la familia. En fin, insisto que lo maravilloso vino después, ya que, como en la escuela, con algodón y agüita, sembramos un frijol en cada contenedor de plástico, ya convertido en germinador. ¡Y así comenzó la magia!

Para mi fortuna, los frijoles germinaron rápidamente. Durante los ocho días que estuve con ellos, pasaron de semilla a embrión y de embrión a plántula, hasta comenzaron a echar hojitas. Antes de regresar a casa usé cuanta maceta abandonada encontré y trasplanté las plantitas. Les dejé instrucciones claras a mis hijos: observar y cuidar que recibieran agua y sol. Las plantas crecieron, pronto salieron los ejotes, pero, al poco tiempo, los niños se olvidaron de los frijoles. Ahí terminó la magia, a nadie se le ocurrió recolectar los ejotes y en eso acabó la historia.

Esta experiencia me llevó a pensar que, si la gente comprendiera todo lo que representa un huerto orgánico, y los enormes beneficios que nos trae, esto no habría ocurrido. Hemos perdido el contacto con nuestra madre Tierra, hemos olvidado que existe un ciclo vital para todos los seres sintientes, en donde cada planta, insecto y animal tiene su sitio. Y lo hemos olvidado porque no lo vemos.

Cultivar tus propios alimentos te reconecta con la Tierra y te hace ver el verdadero valor de lo que comes. Cuando has visto crecer una semilla de chile, y la has visto pelear por agua, defenderse de los insectos, abrir en flor y finalmente convertirse en un fruto para ti, comértelo se vuelve casi un acto sagrado, radicalmente distinto de ir al súper y comprar una lata de chiles en conserva. Ver crecer a tus plantas resignifica la relación con tus alimentos; se vuelve imposible ser indiferente hacia ellos, y esto se refleja incluso en lo que desperdicias, o, mejor dicho, se refleja en que dejas de desperdiciar.

Eso no es todo, trabajar la tierra con tus manos, fertilizarla, regarla, respirar el oxígeno que te dan tus cultivos, colocar cada semilla con tus dedos es, en sí mismo, sanador. La tierra es el mejor ansiolítico. Enfrentar las batallas para que tus plantas crezcan es también una metáfora de la vida: hay que desarrollar paciencia y tolerancia; hay que escuchar y observar para poder atender a las necesidades de tus pequeñas; y hay que aprender a defenderlas de los insectos y gusanos, sin agredir al medio ambiente y sin dejar de ser compasivos. ¡Difíciles tareas! Pero el día en que por fin sales y descubres a tu primera lechuga, que te saluda ondeando sus hojas, te das cuenta de que tu paciencia ha valido la pena, de que estás haciendo bien y de que hay que seguir honrando la vida.

¿Cómo sería el mundo si le enseñáramos a los niños a cultivar? ¿Cómo cambiaría si aprovecháramos cualquier espacio iluminado de nuestro departamento, el patio de atrás de la casa, o la azotea del edificio para sembrar, y que en nuestro plato hubiera por lo menos un ingrediente que hubiéramos visto desde que era semilla? ¿Mejoraría nuestra relación con la Tierra? ¿Nos reconectaríamos con ella? ¿Qué pasaría?

Termino con un fragmento de una canción de Joe Reilly :

“Stay calm, it’s your Mom, this Mother Earth. Stay calm.
The Earth has space to hold all your tears.
The Earth has space to hold all your fears.
Your heart has space for everything you need.
You’re a garden, my friend, let us water Love seeds”.

Quédate tranquilo, es tu mamá, esta Madre Tierra, quédate tranquilo.
La Tierra tiene espacio para contener todas tus lágrimas.
La Tierra tiene espacio para contener todos tus miedos.
Tu corazón tiene espacio para todo lo que necesites.
Tú eres un Jardín, mi amigo, vamos a regar semillas de Amor.

Lourdes Plata

Si tienes interés en crear tu propio huerto entra al Facebook: https://www.facebook.com/HuertosOlaki/

Comments

comments

Acerca de Lourdes Plata

Lourdes Plata
Psic.Clínica (Univ. Anáhuac, México, D.F.) Psicoterapia individual y de parejas (Asoc. Mex. de Terapia de parejas A.C., dirigida por el Dr. Mariano Barragán, México, D.F.) Sanación espiritual (Univ. of Spiritual Healing and Sufism, dirigida por el Dr. Ibrahim Jaffe, Pope Valley, California) Guided Afterlife Connections: Formación tomada con la psicoterapeuta Rochelle Wright, Gig Harbor, Washington.