El No-Hacer

Por Bruno Díaz

 

En el post anterior “de Rutinas y Apertura”, platicábamos acerca de las rutinas, la identidad y las costumbres, y también de aquello “otro” que, de cuando en vez, se asoma en la vida. También comentamos que, tomaríamos el tema del No-Hacer. Aquí vamos…

Eso “otro” que sucede, toma el disfraz de lo inesperado, de lo que no estaba en los planes o la agenda. A veces, tratamos de disminuir el impacto de esto nuevo que acontece, catalogándolo rápidamente y guardándolo así en nuestros anaqueles internos: esto es bueno o malo, es deseable o indeseable, lo quiero o no lo quiero o se llama así o asá. Nos olvidamos de mirar, de oler, de escuchar y relacionarnos con eso que surge, de una manera en donde nosotros también seamos “nuevos”. En el Zen, es muy conocida la perspectiva de “Mente de Principiante”, por medio de la cual, podemos, en vez de conocer, co-nacer con lo que sucede… Abrirnos una y otra vez, frescos con el milagro de la sorpresa.

No-Hacer, tiene que ver con detener un poco a la mente y su constante costumbre de catalogar y etiquetar, y tiene que ver también con salir de los juicios “bueno”, “malo” y detenernos a explorar lo que estamos experienciando… y hacerlo lo más detalladamente posible. Es como si recargáramos la experiencia actual, sobre el silencio.

Por ejemplo, en lugar de ver una flor y decir de cuál se trata, dejarse estallar el perfume y los colores dentro de uno, sentir esa existencia que le habla a la mía, y así, experiencia y experimentador, flor y yo, surgen renovados en un espacio de pura percepción. Cuando la flor es todas las descripciones que la flor pueda tener y, al mismo tiempo, es ese misterio inefable del cual nos platica algo la poesía o la música, también nosotros nos liberamos por un instante del peso de las identidades y de la gravedad de las costumbres.

William Blake, recomendaba poder ver el sol como algo incandescente en el cielo, pero al mismo tiempo, como una hueste de ángeles. Siendo el sol, ambas y ninguna. A esto, le llamaba él, la “Doble Visión”. Cada ser, a su modo, es capaz de ver el infinito a través de todas las cosas.

Así pues, practicando “No-Hacer”, podemos tener un sol que es un huevo estrellado en Dalí, un anhelo desde un girasol, el Padre, desde el misticismo indígena, un castigo para el extraviado en el desierto, un milagro para el que tiene los huesos entumecidos en la montaña, el inicio de una jornada para el granjero o el terror absoluto para el fotofóbico.

Al pensar en infinito y en eternidad, podríamos, en lugar de hacer mirada de interesante, volteando al horizonte, ver nuestra mano y esta mariposa, este aliento y este latido, incluso el milagro de tu mirada, que da vida a estas letras…

 

Bruno Díaz

Si quieres consultar a Bruno, encuéntralo en su facebook Los Parajes del Alma o escríbele a su correo: bruno_d77@hotmail.com

 

Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com