El agradecimiento natural

Por Bruno Díaz

 

Tomo la taza de café entre mis entumecidas manos. Una fría mañana y un cielo gris, afinan mi olfato y pruebo cada una de las notas aromáticas de mi bebida negra con orillas de leve espuma de un café tornasol.

 

Miro las gotas escurrir sobre la piel de los cristales que van abriendo sus párpados de vapor; el vapor que hice en la noche.

 

Bajo la mano y acaricio el lomo de mi gato que arquea la espalda para recibirme con su muy gatuna presencia.

 

Bajo la escalera y coloco “Boogie Street” de Leonard Cohen, en su imperdible disco Live in London, mientras juego en mi mente con la idea de un pan negro con mermelada y tal vez, algo de fruta.

 

Miro el río, a través del bosque de esta cabaña que es mía, al menos por hoy, al menos por este fin de semana, lejos de la gran ciudad, que “nunca duerme”, igual que la de la canción “New York”.

 

Abro la ventana y con estremecimiento inhalo la niebla, que, al instante, abraza mis pulmones.

 

Enciendo la fogata y coloco una varita de incienso para acompañar el fuego, y es ahí donde también se enciende mi corazón. Recuerdo que la casa se torna hogar, cuando hay hoguera y, ¿qué más casa que yo? ¿Qué más hoguera que la del corazón en el instante eterno?

 

Es ahí donde brota el agradecimiento por cada instante, vivencia, pérdida y cada toque de magia en mi vida habida y por haber. ¿Hay alguien que reciba el agradecimiento? Cuando lo vivo profundamente, lo recibe la niebla y el pan, el gato y el cristal, Cohen y el incienso, mis pulmones, tu lectura, la noche y sus diamantes regados, el sol y sus enceguecedores secretos…

 

El agradecimiento que brota de estos momentos hace que el universo se pueble de interiores. Entonces, los rayos de sol abren la cortina de la mañana neblinosa; la hierba húmeda de un rocío despierta con el cielo ya gris, ya azul claro, y los pájaros escondidos en el follaje tienden una redes de canciones, que son una plegaria en sí.

 

Es diferente rezar que meditar dicen: “rezar es hablar con la divinidad y meditar es escucharle”. Me parece una distinción hermosa, pero cuando nos fundimos en el instante, todo es el mismo corazón cuyo latido es diálogo y silencio con el misterio de las cosas, donde rezar o meditar son solo conceptos sin sentido.

 

Cuando pienso en psicoterapia a veces pienso en la necesidad-placer-importancia-gozo-deseo-forma-evocación de estas experiencias; ya que de ellas brota una vivencia de humanidad, que trasciende cualquier explicación e intento de alcanzarle. Tal vez sean la poesía y la música las que puedan, de repente, dar un esbozo de estas dimensiones.

 

Cada vez que brote de ti el agradecimiento, paladéalo, y si no lo has hecho, inténtalo, empieza por este pensamiento:

 

Estás aquí, y si sigues aquí, es por tu decisión; ahora, tu decisión es insuficiente. Es necesario este misterio sin edad ni tiempo, que se enfunda en carne humana, para que cada uno de nosotros sigamos vivos, nos encontremos, y entre todos sostengamos una realidad que compartimos en este instante, llamado vida, existencia.

 

 

Bruno Díaz

Los Parajes del ALMA

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Acerca de Bruno Díaz

Bruno Díaz
Soy Psicólogo de-formación (con y sin guion) y estoy entrenado en psicoterapia transpersonal, ericksoniana y junguiana arquetípica. También soy terapeuta floral. En cada formación (y en la vida), he aprendido y sigo aprendiendo, que hay “algo” muy genuino que empuja desde dentro para ser vivido y así tomar ciertas sendas que nos llevan a lugares de Plenitud. Y también, que ese “algo”, a veces se conduce o se inspira (en el mejor de los casos), pero que también se modifica, reprime o esconde, llevando a lugares de sufrimiento repetitivo. Mi trabajo es acompañarte a darle voz a lo que para ti es genuino y auténtico y que, a veces, aunque te suene extraño toma el disfraz de síntoma, sufrimiento o complicación. Cuando le damos voz, podemos escuchar ese algo, que ansiaba ser reconocido, nombrado y escuchado y que tiene muchas cosas que enseñarnos… Para consultas escríbeme a bruno_d77@hotmail.com