Ejercita a tu Observador

Por José Martí

Primero, toma consciencia del lugar en el que estás. Toma consciencia de tu cuerpo, cada parte de este. Sé consciente de todo cuanto te rodea, los sonidos, los espacios, la luz; tu cuerpo tranquilo o tenso, con dolor o sin él, como sea que esté. Simplemente, date cuenta que así está.

Y sin pretender que nada sea diferente a lo que es, concéntrate solamente en estar; en el Ser.

Deja a un lado recuerdos del pasado o expectativas de lo que pueda suceder; brinca a un lado del espacio, brinca fuera de este, porque tú eres más allá del espacio mismo, más allá del tiempo, de lo que pasó o pasará. Tú eres antes del tiempo y serás después de este. Pues que eres manifestación misma del no-nacido y por lo tanto, si nunca nació, nunca puede morir. Y como tal, si Él fue lo primero, el espacio fue después y tú eres manifestación de esto, no puedes ser contenido, no puedes ser limitado por ningún espacio, eres infinito en tiempo y espacio.

Para conectar en ti con esta realidad (“en ti” me refiero a la personalidad), lo primero que hay que poner a un lado es tu mentalidad que existe solo en función de parámetros de tiempo y espacio

Tu mente fue creada simplemente como un instrumento para ayudarte a moverte, a experimentar en tiempo y espacio. Pero tú no eres eso, tú eres el infinito mismo. Entonces, por un momento deja a la mente a un lado; pensamientos, recuerdos, planes, juicios, déjalos pasar, pon a un lado de ti a esa mente y que esa mente siga jugando con cuanto pensamiento quiera y sé tú, y solo tú, quien aquí ahora está. Experimentando el simple, el fabuloso, el milagroso hecho de Ser y nada más.

En este estado, como ves, no hay nada que tengas que hacer absolutamente, no hay nada que aprender, porque todo eres ya; no hay nada que alcanzar, pues que desde siempre has estado y estarás; no hay nada que arreglar, porque eres DIOS mismo.

Es un estado de neutralidad absoluta, de abundancia absoluta, de quietud absoluta… de paz absoluta, que no depende de nada, pues que eso eres.

Te estoy invitando a experimentar-te y nada más. A sentir-te como quien eres, has sido y serás.

 

Siente esa paz, siente ese poder, siente esa abundancia del Ser, de la esencia que eres tú. Y en el momento que el impulso surge de “hacer” sabes entonces que es la mente, porque la mente, en su función de proteger la personalidad o el instrumento, y al no comprender el infinito mismo que eres, naturalmente se inquieta y busca hacer, o busca saber, o busca tener para salvarte; para salvarse, para existir.

Es natural entonces que la mente haga eso, es su función; así siempre ha sido. Lo que ahora es diferente es que ahora la miras en esa función que tiene sin confundirte con ella, sin identificarte con ella y sus funciones, de hacer, de saber o de tener, porque estás aprendiendo a encontrarte en el Ser, a experimentarte en el Ser, a sentirte en el Ser que eres: Infinito, más allá de tiempo y espacio.

Desde esa paz que has generado, desde esa no tendencia, desde ese simple estar, observa tu cuerpo. Observa a tu mente. Atiende ahora a sus pensamientos, a sus recuerdos o a sus planes, a sus juicios y preocupaciones, y pregúntate ¿quién percibe?, ¿quién observa eso?; si eres tú, en verdad tú, nada de esos pensamientos, ninguno de esos sentimientos o emociones podrá moverte de tu paz, de la neutralidad absoluta que el Ser es, si algo te mueve es que no eres el Observador todavía… Vuelve a preguntar quién está observando al que observa que creyó ser el Observador.

Porque la mente se disfraza, se esconde por propia supervivencia. Vuelve a preguntarte ¿quién observa? hasta que en lo que observas, en el acto de observar, no existe inquietud alguna, sabrás que te acercas a quien Eres: La Paz.

Porque todo ello, todo cuanto la mente atiende por lograr, por cambiar, por corregir, todo ello pasará, como manifestación de la existencia misma, todo cuanto existe pasará, tú nunca; Tú eres infinito, manifestación divina del Creador. Y si eres infinito, ¿qué puede inquietarte? Por el contrario solo puede haber regocijo en mirar las posibilidades de la existencia, ya sin juicio, sin expectativa y sin rencor. Ese es el Observador. Ese eres Tú.

Ese es el ejercicio: Preguntarte, instante a instante, de cada día, de cada acto, ¿quién observa?, y SENTIR… Y sentir si la paz se escapa, volverte a preguntar, hasta que llegues al verdadero Observador.

Y ahí te darás cuenta que solo hay UNO, el Único Manifiesto, hay una sola esencia de la que eres parte en esta experiencia, pero eres UNO con todo y siempre lo serás. Y de ahí retoma tu fuerza y tu confianza que si eres Uno con el Todo ¿qué mal puede pasar?

Empiezas a usar entonces, la fuerza y el poder de la Unidad, sabiéndote eso y manifestándolo en tu propia experiencia de vida que elegiste.

Eso es traer el Cielo a la Tierra. Tú, el Cielo, elegiste un cuerpo para experimentar una forma posible. ¿Qué quieres experimentar? simplemente elige desde el Observador ya no desde la víctima; desde el Creador, desde el Amor mismo que eres.

 

Y la mente se pregunta, cómo solo observar aquello que lastima, la injusticia por ejemplo, y yo te repito, si te lastima, sigue siendo la personalidad, no el Observador. Si eliges actuar, está bien, buscando justicia, buscando darle sentido a esta vida que elegiste construyendo justicia, pero entonces vuelve al Observador y date cuenta que, ese juego, estás jugando: luchar por la justicia pero que no eres eso, ni eso es lo importante: elegiste ese juego y nada más.

Vuelve al Observador, al Origen y entonces ¡manifiéstate!, y la justicia emergerá por sí sola por tu sola presencia, por Quien Eres, porque el amor y la justicia no se logran por tus actos, se manifiestan cuando tú te manifiestas.

 Asegúrate entonces que cuando actúes sea simplemente por el regocijo de actuar, porque eres, porque siempre has sido y serás; y haces, simplemente porque se puede. No porque hace falta, no porque tienes que; simplemente porque se puede.

Si a este espacio vienes buscando iluminarte, es el lugar equivocado. Aquí has venido a iluminar; porque ya eres, convéncete ya. Convence a tu mente, convence a tu cuerpo, manifiéstate ya. Y ¿cambiará, entonces, radicalmente tu vida? Quizás en apariencia no. ¿Seguirás teniendo inquietudes, dolores, preocupaciones…? Sí, pero con paz. Porque sabrás que no eres tú nada de eso, porque las sabrás observar, a eso viniste, elegiste venir aquí a observar al ser humano y la única forma de hacerlo es ser humano.

Regocíjate entonces en lo que sea que suceda, que experimentes, porque estás siendo humano con la consciencia ahora de Quien en Verdad Eres.

Solo a eso viniste: a saberte. Que así sea.

 

Ahora, simplemente siente la Gracia que sobre ti desciende y te envuelve, porque tú buscaste y encontraste este momento y la Gracia responde abrazándote, alimentándote, simplemente recibe el maná que ahora sobre ti desciende; La Luz, la Paz, la Fuerza, la Salud, la Abundancia, la Plenitud, todo. Recibe. “A quien pide se le dará”, pero para recibir hay que abrir las manos, hay que abrir el corazón.

Recuerden que no es fácil, en los días que vienen, practicar esto de ser el Observador, no es fácil porque la mente se siente amenazada, la mente se sabe en la medida en que tú, que le diste vida, con ella te identifiques… Cuando decides dejarte de identificar con la mente ella siente que va a morir… y entonces va a generar angustias, y va a multiplicar preocupaciones y va a exagerar dolores. Date cuenta que es el proceso natural, no te desesperes, obsérvalo.

Obsérvate en esa angustia, obsérvate en ese dolor, no caigas en el juego. Con compasión, obsérvate… Hasta que, poco a poco, la mente, como niño que va siendo educado, se da cuenta de quién manda y aquí manda el que ama, aquí manda la verdad; no la carencia, no la tendencia, la confianza de Ser Quien Eres, nada más.

Practiquemos entonces.

Esa gran trampa de que “cuando me ilumine seré feliz”, es la trampa más brillante de la mente. Cuando tú decidiste dejar la Consciencia Absoluta que es ese despertar para estar aquí, y ahora te dejas engañar porque quieres escapar de esto y quieres escapar porque pensaste que eres esto. Dile a tu mente “yo no soy esto, yo elegí esto para saberme en un cuerpo” y entonces pleno serás en un cuerpo.

No cuando despiertes… ¡Ya estás despierto!

 

Gracias.
José Martí

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Acerca de José Marti

José Marti
José es un fiel amante de la naturaleza y de estar en continuo contacto con ella. Ha dedicado su vida al servicio de las personas en su ambiente laboral. Caminó al lado del maestro espiritual y gran amigo, José Luis Villanueva y, desde entonces, se rebeló como un leal transmisor de la enseñanza del Maestro, compartiendo los mensajes de amor y expansión de consciencia hasta el día de hoy.

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