Decidir no es controlar

Por Mtra. Lucrecia Villanueva Struck

Constantemente tomamos decisiones, algunas simples y cotidianas, y algunas otras muy, muy complejas: desde lo que vamos a desayunar, qué ropa usaremos este día, hasta si nos queremos casar, renunciar a un trabajo, terminar una relación, etcétera. Lo que hace la diferencia entre lo simple y lo complejo de la decisión estriba en las repercusiones que conllevan esas elecciones, a corto y a largo plazo, para nosotros mismos y para las personas con quienes estamos involucrados. Lamentablemente, muchos de nosotros hemos confundido decidir con controlar.

 

Es seguro decir que nuestro deseo al tomar decisiones es acercarnos a la felicidad, y, en muchas ocasiones, aquello que decidimos resulta justo como lo deseamos, lo que nos hace felices. No obstante, el mundo tiene sus propios ritmos y reglas, y con frecuencia está sujeto a otras circunstancias.

 

Cuando las cosas no salen como queremos, el resultado genera frustración, enojo o ansiedad; y al cabo de un tiempo, antes de decidir, comenzamos a sentir la incertidumbre, la agonía de no conocer el resultado por anticipado. Antes de decidir algo, desearíamos poder conocer los diversos resultados antes de elegir y, en el proceso, perdemos una gran cantidad de energía psíquica, atención, concentración y paz interior mientras imaginamos cada una de las posibilidades que pudieran suceder para que, al final de cuentas, sea poco probable que el escenario de nuestra imaginación coincida con lo que se genera en la realidad.

 

Decidir implica siempre un riesgo, y si las cosas no salen como queríamos, lo más probable es que experimentemos incomodidad, dolor o enojo; sin embargo, lo importante es aprender a movernos en la incertidumbre, a fluir, a resolver sobre la marcha, aprender quiénes somos a través de las diferentes situaciones, y aprender, especialmente, a observar cuáles de las acciones que realizamos cada día nos permiten obtener los resultados deseados.

 

Nos quejamos continuamente de no tener ingresos, pareja, estabilidad, paz interior, tiempo, etcétera, sin detenernos a observar cómo es que hemos llegado hasta ese punto de nuestra vida.

 

Cuando somos pequeños, ponemos absoluta atención en los procesos de la vida. Para confirmarlo, basta con ver a un bebé descubrir la ley de gravedad: le parece sumamente divertido darse cuenta de que todo lo que suelte de su manita caerá al piso, todo lo que empujen de una mesa, caerá al piso; y lo repiten incansablemente hasta quedar convencidos de la ley de gravedad. Sin embargo, eventualmente, dejamos de aprender de esta manera, nos ocupamos en otras cosas, nos distraemos, comenzamos a creer en las ideas de los demás sin comprobarlas por nosotros mismos y, un buen día, nos encontramos en plena crisis sin saber qué fue lo que nos llevó ahí.

 

En ese momento queremos controlar, siguiendo alguna teoría de “cómo deberían funcionar las cosas”, y tomamos decisiones sin haber puesto en práctica la observación de la realidad. Entonces, es muy probable que no logremos los resultados deseados, porque no conocemos las leyes del mundo, simplemente porque jamás nos detuvimos a observarlas.

 

Observar la realidad como es, requiere de disciplina, constancia y, sobre todo, requiere de desaprender; es decir, cuestionar los conceptos de lo que el mundo “debería ser” y observar simplemente lo que sí es.

 

Decidir no es controlar; decidir es buscar la felicidad, probando una posibilidad y otra más para llegar a ella. Si no resulta, observa el efecto y decide buscar un nuevo camino, al cabo de varios intentos quizá logres el desenlace deseado.

 

Mtra. Lucrecia Villanueva Struck

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Acerca de Lucrecia Villanueva

Lucrecia Villanueva
Psicóloga experta en Regresiones a vidas pasadas, con la convicción de que cada ser humano puede ser feliz y pleno en su vida. Por lo tanto, su ámbito de acción es acompañar  a los demás a descubrirse a través de psicoterapia, conferencias y cursos, para lograr el desarrollo de su potencial. Actualmente trabaja en Regresiones a Vidas pasadas; Psicoterapia individual y de Pareja; en el ITAM, AMETEP y es entrenadora certificada de Siete Semillas de Amor y de Abundancia.