Cuando el perdón se hace innecesario

Por: Psic. Juan Guillermo Rodríguez Dávila

 

Ahora está de moda el perdón. Se cree que perdonar es la solución a todo dolor interno, a toda angustia y resentimiento, pero ¿cuáles son las condiciones del perdón? ¿Por qué no es fácil perdonar?

 

“The difference is that, for me, the emphasis is not in the act
of pardon, but in the possibility of taking childhood
reality seriously instead of denying it.”

Alice Miller, The truth will set you free.

 

Primero una historia, sin detalles, pero verdadera: una mujer me relató cómo intentó humillar a una rival exponiéndola con algo falso pero indemostrable. Sin embargo, después de un tiempo, en vez de sentir satisfacción, esto le produjo una sensación de vergüenza. Así, continuó asociando y recordó cómo la hermana, muchos años atrás, le había hecho algo parecido, aunque mucho más grave, con intención de desprestigiarla. De esta forma, se dio cuenta de que su proceder había estado motivado por un sentimiento de humillación no resuelto y un deseo de venganza antiguo, dirigido, en buena medida, no a la rival actual, sino a la hermana de antaño. Y, puesto que ella había sido capaz de un acto similar al de su hermana, a partir de un dolor muy profundo, puede pensar que la hermana había actuado desde el mismo lugar, puesto que la mujer de la que hablamos solía recibir más atenciones y elogios. Y que es desde ahí, desde este dolor no resuelto, que se puede explicar toda una cadena de agresiones.

 

Esta serie de asociaciones describe, en su simpleza, lo que para mí es el proceso del perdón: un proceso en el que, a través de la conciencia y de darnos cuenta desde dónde actuamos, nos permite una actitud más compasiva y realizar un duelo por sucesos del pasado.

 

Pero, tal vez voy muy rápido, para entender el perdón habrá que entender la culpa, es decir, aquel sentimiento de malestar que, según Freud, se asocia al sentimiento que desarrolla el Yo en cuanto no está a la altura de sus ideales. Aunque este es un tema complicado, para nuestros fines tal vez baste señalar cuál es el ciclo de la culpa, que quizá podamos describir en estos términos: la persona que siente culpa busca alivio en la expiación, es decir, en el intento de borrar la culpa por medio de un sacrificio; de tal forma que cree que la mejor forma de expiación es el autocastigo, la provocación de algo doloroso, y decide que el mejor castigo que se puede imponer es hacer algo ¡que le provoque más culpa! Y así, la espiral se acrecienta, pues quién más que uno mismo sabrá qué actos le parecen a sí mismo injustos, y entonces los actuará. Este proceso suele ser inconsciente y no debería sorprendernos; después de todo, la culpa, como tantas otras cosas, tiende a desarrollar estrategias para perpetuarse a sí misma.

 

Es claro que, en estas condiciones, el perdón puede ser tan solo un señuelo provocador de mayores culpas, si se basa en la represión de sentimientos, en la búsqueda de aceptación, en el temor a perder el amor o en un sentimiento de superioridad moral, todas ellas estrategias para evitar un acto de conciencia. En este sentido, la culpa se diferencia del arrepentimiento, que implica tomar conciencia de haber cometido algún error y disponernos a no repetirlo. También se diferencia de la reparación, que pretende saldar el daño hecho mediante un bien y no “borrarlo” mediante la ejecución de un nuevo daño.

 

Así, volvemos al asunto del cómo del perdón. Si poder perdonar implica hacer un acto de conciencia que nos ponga en contacto con nuestros propios errores y con el dolor que le hemos causado a otros, y por ese camino a nosotros mismos, también implica hacer un duelo por aquello que se quiso y no se tuvo, o por aquello que se recibió y que causó dolor; es decir, un duelo por la realidad deseada y que no fue; y, desde esta aceptación de lo pasado, lograr una reconciliación con nosotros mismos.

 

En mi opinión, este duelo solo puede hacerse mediante un acto de conciencia, o mejor dicho, es, en sí, un acto de conciencia. Y entonces cabe la pregunta: después de semejante acto, ¿es posible perdonar? Creo que no. Una vez que asumimos que el dolor que alguien nos provoca no es sino el recordatorio de un suceso anterior, y que es nuestro intento por evadir este dolor el que nos lleva a provocar dolor a otros; una vez que es recordado, es resuelto este dolor; y logramos reconciliarnos con nosotros mismos, podemos, comprender y perdonar; o mejor dicho, podemos darnos cuenta de que ya no es necesario, porque ya se dio.

 

Psic. Juan Guillermo Rodríguez Dávila

 

 

Fuente: serluna.com

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