Con sentido o sin él

Por Ruth Reséndiz

 

¿Cuántas veces hemos escuchado, a veces en un tono deprimido, otras casi como reclamo, que la vida no tiene sentido?

 

No hace mucho tiempo, la religión jugaba un papel importantísimo en nuestras vidas: la adoración a Dios y su continua mirada sobre nosotros eran garantía de un sentido de vida. Sin embargo, ya para principios del siglo XX, el filósofo alemán, Federico Nietzsche, hablaba sobre “la muerte de Dios”, idea que no implicaba que Dios hubiese dejado de existir, sino que era una metáfora sobre la conformación de las sociedades modernas basadas en principios científicos y culturales, desprendidas del quehacer religioso.

 

Hoy en día, la ciencia moderna se ha empecinado en hacernos creer que la vida humana no es más que un accidente, una combinación de gases y elementos químicos que, al igual que surgen, perecen sin trascendencia alguna. No cabe duda de que este pensamiento puede ser sumamente desesperanzador.

 

Meditar sobre el sentido de la vida no es una actividad inútil, al contrario, nos permite reflexionar, explorar nuestro mundo interno y encontrar, de una manera creativa y constructiva, variantes para lograr una existencia llena de sentido.

 

Muchas veces creemos que el sentido de la vida es una respuesta objetiva, como si fuese una ecuación matemática que se encuentra fuera de nosotros, en algún oráculo o en un libro; sin embargo, la búsqueda de sentido es una tarea individual y completamente subjetiva. Es un “viaje” que podemos realizar a nuestro propio paso, trazando nuestros propios caminos.

 

La búsqueda del sentido es una experiencia que se debe vivir como una aventura y no como una condena.

 

Ruth Reséndiz

Acerca de Ruth Reséndiz

Ruth Reséndiz
Nací hace casi medio siglo en la región más transparente (como llamó Alejandro de Humboldt a esta bella ciudad), no me ha tocado cristalina, pero me sigue acariciando hasta el día de hoy. Tengo estudios en música, comunicación, literatura, cine y filosofía. Me ocupan, principalmente, las mini ficciones, pues me permiten trabajar con conceptos abstractos, referentes colectivos y emociones. Me fascina el género humano e irrumpir en lo más profundo de sus pulsiones.