Ciudad, túnel, humo (Parte 2)

Por David Grinberg

 

Salieron vestidos de ropas multicolores, tocando sus tambores y sus instrumentos mientras cantaban con enorme orgullo a Krishna, rodeados del humo del incienso, por las calles de la Colonia San Miguel Chapultepec.

 

Ella iba al centro del grupo, su pelo negro y chino cubierto por una mascada naranja y sus ojos verdes. Bailaba, en medio de todos, a pesar de haber llegado al Ashram de los Hare Krishna hace apenas una semana.

 

De niña, sus padres la llevaban a aprender de Guru Mayi en la Condesa; los veranos, los pasaban de retiro en el estado de Nueva York, haciendo trabajos comunitarios. Un par de viajes a la India después, y la alegría de dar ya viajaba por su interior.

 

Más tarde, en la secundaria, dejó a su Gurú para unirse a un rabino de Lubavitch que había conocido en Polanco, colonia de la Ciudad de México, a la salida de su escuela; un gordo pelirrojo y simpático que, de no haber sido estudioso de la Torah, sin duda encabezaría a una compañía de payasos.

 

El Rabino le dio un camino y cosas que hacer desde que abría los ojos muy temprano hasta que los cerraba en la noche, y los sábados eran un banquete de historias que pasaban de generación en generación, siempre con una moraleja, un mensaje aplicable a la vida.

 

Justo antes de terminar el colegio conoció el amor por alguien en concreto de la manera menos espiritual, el joven del que se enamoró estaba continuamente “hasta arriba”, es decir, siempre intoxicado. Salían de martes a sábado de un bar al otro, sin ofrecerle nada más que diversión. Ella había aceptado poniendo de lado el amor universal, rendida a todo placer y sin poner el más mínimo, pero.

 

Hasta esa mañana, de hace una semana, en la que si bien no recordaba cómo había llegado hasta ahí, ni en qué momento se había acurrucado sobre un cartón bajo el techo de la panadería del metro Juanacatlán, sí recordaba el instante en que sintió su cuerpo demasiado estimulado desde afuera y su alma como una fosa de clavados sin agua.

 

Amanecía y pasaron con incienso y panderos, no la invitaron a seguirlos, sin embargo, ella se quitó los zapatos y los persiguió hasta el Templo Hare Krishna de la calle Tiburcio Montiel.

Cantó, bailó y un hombre rapado y con una enorme barba blanca le habló del Atma, el alma, la consciencia inmaterial que baña la existencia humana y la conecta con el infinito.

 

Así que hoy, festejaba a Krishna moviendo la cabeza, sintiendo los resortes de su pelo negro rozando su cara por última vez…

 

David Grinberg

 

Continuará…

 

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Acerca de David Grinberg

David Grinberg
Creador de Ludocuántica, un taller de vanguardia, integrador del juego y las artes escénicas con las ciencias exactas. Egresado de la carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana, institución de la que actualmente es profesor. Es Maestro en Artes Escénicas por el Instituto del Teatro de Barcelona y la Universidad Autónoma de Barcelona. Es director, escritor y profesor de teatro. Escribe y edita el blog www.yosomos.com  Autor de Yosomos, libro publicado en 2014 en Amazon. Ha recibido el Grant de la European Association for Jewish Culture 2006, entre otros reconocimientos. Vive en la Ciudad de México. Te invitamos a visitar su blog: www.yosomos.com