Caballeros o Compañeros

Por Maite Belausteguigoitia

¿Qué quieren las mujeres de los hombres? Todas las mujeres somos diferentes, así que, esa pregunta para mí, no puede responderse sin ser falsa. Prefiero pensar: a las mujeres heterosexuales ¿qué nos enseñan a valorar en los hombres al momento de elegir una pareja? La caballerosidad. Habría que fijarse si paga la cuenta, si te abre la puerta, si te deja pasar primero, si pasa por ti y te “cuida” (aun cuando no haya peligro), si te presta su suéter…? Fijarse en todas esas señales “infalibles” de que es un “caballero interesado”. Además de tomar muy en serio su capacidad económica para que una pueda mantenerse (o ser mantenida), sin preocupaciones.

Toda la magia de los cuentos de hadas y princesas que refuerza la caballerosidad con las figuras de príncipes, articuladas con la belleza de la sabiduría popular que dice “el que quiera tienda que la atienda” (¿que venden ahí?) y “el que quiere azul celeste que le cueste” (¡ay! qué bonito el azul celeste, ahora todo tiene sentido…) Ese extraño intercambio entre no saber el precio de un color y debatir si comprar o vender el negocio familiar, son guías en el arte de relacionarnos. La realidad es que uno(a) no asume conscientemente el precio de las tradiciones. Una vez que se consigue el azul celeste que tanto costó ¿cómo se cobra? ¿o es “deagratis”?

A las mujeres se nos educa no solo a valorar la caballerosidad, sino a aceptarla pasivamente, y, por el romántico ajetreo de los protocolos, se nos olvidó crear los caminos para construirnos y buscarnos como iguales.

Lamentablemente, la caballerosidad por sí misma no es sinónimo de reciprocidad por más educada que parezca. Más allá de porqué las mujeres aprendemos que lo romántico está en que alguien haga por ti lo que haces tú misma todos los días, me interesa cuestionar: ¿la caballerosidad, por sí misma, es suficiente para sostener el respeto y la no violencia hacia las mujeres? Si la caballerosidad no excluye la violencia ¿qué características debemos de evaluar las mujeres para elegir mejor a los hombres?

Para muchos de ellos, el acentuar la caballerosidad puede ser una estrategia de conquista, sin embargo, por más linda que parezca la estrategia, para mí tiene un efecto disuasorio cuando esta no es puesta por encima de otros factores a analizar.

Todas las mujeres heterosexuales buscan algo distinto de los hombres, aun cuando existan marcadas tendencias dentro de la sociedad. Solo puedo decir lo que me parece importante a partir de mi experiencia. Primero, preguntarse ¿quién es esa persona más allá de la caballerosidad que muestra en un momento conveniente? ¿esa “amabilidad” y “educación”, característica de la caballerosidad, se traslada a otros espacios con mujeres y hombres, o solo es una carta de presentación para determinada(s) mujer(es) que le atraen? ¿cómo se expresa ese “caballero” cuando se quita la armadura?

Son tantas las veces que he escuchado a varios hombres decir “las pinches viejas” (con el clásico gesto desagradable que generalmente lo acompaña), en lugar de decir “las mujeres”. También cuando dicen “yo me agarré a esa vieja, qué puta”, “mira qué buena está tal” (añadiendo comentarios y descripciones impropias de un “caballero”) y “vámonos de putas”.

Aquellos que piensan que ir a un table es “divertido”, sin tomar en cuenta las denigraciones que pueden sufrir las mujeres a las que observan, sin mencionar a las que son esclavizadas y prostituidas en ese lugar “tan divertido” …

Todos esos “deslices” de un “caballero” ¿se corrigen abriendo puertas, prestando suéteres y pagando cuentas a las “doncella(s)” elegida(s)?

Muchas de las conversaciones, comentarios, y prácticas que surgen entre hombres, o de los hombres a ciertas mujeres con las cuales perciben que pueden prescindir de la “caballerosidad”, me parece que son para probar esa “hombría” que, estúpida y lamentablemente, les es exigida socialmente.

Hay una erotización del poder y el dominio en la identidad masculina que claramente se manifiesta en la sexualidad. Esto tiene graves consecuencias para las mujeres, pero también para los hombres (aunque este es un tema menos discutido). Los hombres son los que más matan a mujeres y los hombres son los que más matan a hombres.

¿Qué está sucediendo con cómo se aprende a ser hombre y, qué implicaciones tiene esto en el ejercicio del “amor”, desde las formas más tradicionales de ser hombre?

Cuando Televisa prepara a un actor y le dice: “En la escena, después de la “noche de pasión”, cuando ella se entera que tienes una esposa, 3 hijos y te das cuenta que va a dejarte, en plena discusión, necesitas gritar con todas tus fuerzas: “¡Fuiste mía!, María Victoria Inés Salomé”; desesperado para no perderla, (aunque nunca haya sido suya) y mientras, mantienes esa mirada de dominante conquistador que tanto nos encanta.”

Moraleja: Meter un órgano adentro de otro cuerpo es equivalente a colonizarlo. ¿La Gaviota pudo haber dicho en algún momento de su recorrido artístico: “Fuiste mío Carlos Alberto Mario Joaquín, porque esa noche te mantuve, por un momento, en las paredes de mi cuerpo” mientras se escucha de fondo, esa música que nos pone a flor de piel el sentimiento? Todo eso, aun cuando Carlos Alberto Mario Joaquín se encuentre en la panadería, en la iglesia rezando el rosario, tomando café con un amigo, tenga otra dueña (y ella no lo sepa) o haya abandonado el elenco de la telenovela por la paz mundial, y sea realmente irrelevante a quién le “pertenece”.

¿Por qué se erotiza la posesión y la dominación en los hombres? ¿Cómo reciben eso las mujeres? ¿Qué impactos tiene esto en cómo ellas se apropian de sus cuerpos?

En temas más románticos, Luis Miguel ¿es realmente “su dueño”? ¿solo porque ella se marcha cuando él quiere que se marche y a la hora que él quiere la detiene? ¿solo porque sabe que su cariño le hace falta y todo eso para que no lo compare hoy, como siempre? (¡carajo, pobre Luismi!) Eso pasa cuando eres “dueño” de alguien. Mejor que tenga más cuidado dónde se “mete”, que se dé La Media Vuelta y que se vaya con el sol cuando muera la tarde.

¿Qué es lo que a mí me parece importante observar en esta época de tanta violencia hacia las mujeres y entre los mismos hombres?

Mi propuesta es que cada hombre cuestione su identidad y el ejercicio de poder que viene asociado a esta así como sus privilegios, las injusticias que comete a otras personas (hombres y mujeres) en la búsqueda y afirmación de su hombría. También que se percate de las injusticias que vive por los estándares que se le exigen en el ámbito sexual, económico, emocional; que revise las conversaciones que tiene con sus amigos y reflexione en cómo participa de la violencia en los momentos en que “descansa” de ser un “caballero”, que se dé cuenta de la manera como se expresa de las mujeres frente a ellos, que piense en la imagen que quiere dar al estar frente a otros hombres, generalmente a costa de la cosificación de las mujeres. Que piense en cómo compite con otros hombres a través de su capacidad económica, sexual y corporal, y descubra las consecuencias que tiene en su vida y en la de otros.

Tendría que haber una profunda reflexión de lo que es “atractivo” y positivo, y analizar si eso nos lleva a una distribución justa del poder y los roles.

No puedo decir que soy inmune a la caballerosidad, hay detalles que son lindos y me gustan, y siempre puede ser un signo para observar el interés que tiene un hombre, pero me parece que se tiene que observar a la luz de muchos más elementos que son mejores predictores de las potenciales violencias.

Respetar a alguien y ser atento desde otro lugar que no se resuma a pagar cuentas, rentas, ropa, regalos, prestar suéteres, pasar por ti, no hablar usando groserías… Respetar a las mujeres (independientemente de si están presentes o no) más allá de los intereses en juego, y también respetar a otros hombres. Cuestionarse el poder, el lenguaje, los prejuicios, para acompañar lo más puramente a una persona más allá de los guiones y las identidades; eso es ser un compañero y para mí es más importante que ser solo un “caballero.”

Nunca nos enseñan lo importante que es buscar la equidad, la compañía, la escucha… se pierden muchas cosas clave en esas imágenes de caballeros y princesas, ideas que si las cuestionáramos nos harían llegar a los núcleos del poder, y la violencia que los acompaña. Nadie nos enseña que la violencia puede existir desde la caballerosidad. No nos enseñan a ver las cosas que realmente haría importarles a los hombres, no como “bellas damas”, sino como seres humanos. Nos hablan de fijarse en si paga la cuenta, pero no nos dicen que en todas las relaciones la reciprocidad es importante y, cuando alguien invita, es importante devolver la cortesía (no porque esté escrito en el Manual de Carreño sino porque es un principio básico que tiene que estar en cualquier relación.)

En este sentido, me parece también, que tiene que haber una reflexión y una reconstrucción de las ideas del amor para las mujeres, donde se deje a un lado la dependencia emocional y económica y, así también, ser menos damas/princesas y más compañeras. Considero que es momento de repensar nuestras identidades como hombres y mujeres, fuera y dentro del amor, construir caminos que no tengan que ver con reproducir, sin cuestionamiento, una serie de guiones y protocolos arbitrarios que sostienen, inconscientemente, la violencia simbólica y las dinámicas de poder, para empezar a regirnos por la reciprocidad, el respeto, la solidaridad, el compañerismo, la escucha…

Valores o principios que no son propios de ningún género y/o identidad y que nos llevan a todos(as) a una mejor convivencia; que no se circunscriban a un espacio, situación o persona. Tracemos desde nuestras reflexiones caminos que nos lleven a construir juntos(as) y amar igualitariamente, y no a subordinarnos inconscientemente a las identidades que nos conducen inexorablemente a los juegos de poder donde todos(as) perdemos.

Maite Belausteguigoitia

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Acerca de Maite Belausteguigoitia Ibarrola

Maite Belausteguigoitia Ibarrola

Psicóloga clínica con maestría en Derechos Humanos, actualmente, el principal objetivo de Maite es el de desarrollar una articulación teórica y práctica entre el psicoanálisis y los derechos humanos para trabajar con poblaciones vulnerables desde un enfoque interdisciplinar que promueva la inclusión, el empoderamiento y el reconocimiento de los derechos. Asimismo, es apasionada del psicoanálisis, la literatura y del arte de escribir. Practica yoga, danza y meditación.

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