Aquieta a tu mente, recuerda quién eres y AMA. Para ello estás en el mundo.

José Marti

Estamos llamados, por algo estamos aquí, estamos buscando vivir en un mundo que aparenta dificultades y contradicciones, dolores y tristezas, pero todo eso es apariencia: darnos cuenta que todo es apariencia, que todo es malla, no para satisfacer o calmar al ego porque seguiríamos en el mismo juego.

¿Cuántos entran a la espiritualidad y toman ese camino; el justificar una realidad como malla pero como escape del sufrimiento. La mente es muy hábil. Se disfraza y disfraza tus intenciones, tu propia imagen de ahí la necesidad de la disciplina en el trabajo contigo mismo.

Porque no es nada más tener claro un concepto en la cabeza, ni tampoco prácticas dogmáticas para calmar el miedo o la culpa. No es ni el saber ni el hacer, es el SER, el único camino. Y para el Ser no hay sendero, no se necesita. Ya lo eres. Ya estás. Es simplemente descubrirte, reconocerte, y disfrutarte. Para eso estamos aquí, para eso nos acompañamos porque no es un trabajo fácil. Y ¿qué lo hace difícil? La mente, con la que te has confundido, con la que te has identificado y lo has hecho con tal fuerza, con tal insistencia y por tanto tiempo, que dar marcha atrás no es fácil. No es nada fácil.

El primer impulso de tu humanidad, de tu mente, es defenderse ante tu esfuerzo, ante tu intención de des-identificarte de ella. La mente es el mecanismo, y el ego con ella, programado a ayudarte a sobrevivir en sí misma busca la sobrevivencia, es lógico entonces que se aferren a no perder lugar en tu existencia, en tu manifestación, ¿cómo dejar de ser el protagonista o la protagonista, cuando es lo que le ha dado sentido a tu vida por tantas vidas? ¿Cómo aceptar morir? Cada célula de tu cuerpo, cada neurona de tu cerebro, reacciona a ese instinto de sobrevivir, de sobrevivencia del ego, de la mente, de lo que por mucho has creído ser.

Entonces no te exijas, mucho menos te juzgues cuando veas que no puedes, que caes, que retrocedes, es tu humanidad, es tu vehículo, gracias al cual estás aquí. Bendícelo, aún en ello, en la aparente equivocación que no te permite ser tú misma, ¡bendícelo! porque sin él no estarías aquí. Empieza por ahí.

Ama a tu cuerpo. Ama a tu mente, mas deja de adorarla como si fuera esta tu dueña; simplemente ámala por ser el amor que eres. Nada más por eso.

Y date cuenta que en el acto mismo de amar a tu mente, de amar a tu cuerpo, te estás des-identificando de este, lo estás observando como el instrumento, ya no como lo que eres. El AMOR surge de dentro, de quien eres, ya no de la mente. Ya no del esfuerzo que tenías que hacer para amar, para dar, para ser “correcto”; porque eres amor eres perfecta, desde siempre y para siempre.

Siente. Siéntete en este momento, siente la VIDA en ti. Siente tu cuerpo, reconoce tu mente, observa cada pensamiento, date cuenta de tus emociones y, a todo ello, agradécele, todo ello es tu instrumento. Tú siente, desde ese centro, desde ese Ser que agradece a quien en verdad tú eres. Date cuenta de ello. Date cuenta de ti y sabe que estás presente.

Esa presencia que nada tiene que ver con la mente, con ideas, emociones o sentimientos. ¡Es presencia, es esencia, es eternidad, es infinita!

 

(pausa de silencio)

 

Y deja ya de tratar de concebir, de comprender el infinito con la mente, es imposible. Ahí surge el miedo, porque el no entender se asemeja a no existir, el no saber… y de pronto te sientes inútil, poco inteligente, incapaz, indigna, que no mereces, por ese esfuerzo, estúpido de la mente, de comprender al infinito, al que eres. Ahí es que hay que soltar, ahí es que hay que dar el paso al vacío, ahí es adonde se siente ese vértigo de dejarte ir en lo incompresible, en lo incontrolable que eres tú mismo, tu infinito.

Y en ese soltar el control y la comprensión, y lanzarte al vacío, solo en la confianza de Ser quien siempre has sido.

Y así, el viaje del peregrino, del alma que vino, hizo un nido, creyó por un tiempo que era su casa hasta que se dio cuenta que era temporal, que era pasajero su tiempo en este espacio, solo para iluminar esta hermosa Tierra. Y si a iluminar has venido, ¿por qué involucrarte en el dolor de la Tierra? Iluminar es simplemente estar presente sabiendo quién en verdad tú eres, porque tampoco es tratar de resolver el dolor del mundo.

La oscuridad con la Luz se resuelve; nada más. No hay oscuridad que pueda llenar un espacio de Luz y sin embargo, un espacio oscuro con un poco que le abras una ventana de Luz se ilumina sin mayor esfuerzo; sin intención incluso, intención de tu ego… no hace falta, si eres tú, presente estás y es todo lo que el mundo necesita: Tu presencia en plena consciencia de la Luz que eres.

 

(Pausa de silencio)

 

Y no te preguntes ya más, ni te preocupes si saliendo de aquí se te va a olvidar. No hay nada que recordar porque no se trata de saber, se trata de sentir, sentirte, y si es a ti tú contigo estás todo el tiempo. Solo reconecta contigo mismo, es todo. Ninguna respuesta está afuera por ello es que nada, a ningún lado hay que llegar. Hay que volver adentro y simplemente despertar. Y ¿despertar? ya estás despierta, ni eso es necesario, simplemente conectar con esa mente que se haga dócil, que se haga transparente, que deje de intentar y que solo sirva, que solo sirva para proyectar la Luz que eres.

Ya no para responder preguntas inconscientes, necias, que solo buscan satisfacer carencias, egos y miedos; a eso, como dije, has acostumbrado a tu mente por vidas, costará trabajo entonces retomar el camino; el camino sin sendero que eres tú.

Soltar simplemente, no construir otro camino, no construir más creencias, no inventar más esfuerzos; creer en quien eres y has sido siempre y buscar sentirte, en cada instante, observando al instrumento; entendiéndolo, limpiándolo, amándolo.

Hablaba de disciplina al principio y, como la experiencia de cada personalidad, de cada mente, es distinta, es tan diferente, habrás tú de construir tu propia disciplina. Descubriendo primero qué es lo que te estorba, qué es lo que estorba a tu manifestación, tu Luz, tu Paz, y ya sin calificarte, ya sin juzgarte, como dije “amando a esa mente y ese cuerpo, ese instrumento”, primero comprenderlo, así se limpia la carencia, así se sana el dolor, no con más lucha sino con amor. Dejando el juicio, dejando la expectativa, simplemente observando y dándote cuenta que no eres ello. Pero habrá de ser una disciplina. La materia, en tiempo y espacio, requiere de ello.

Perseverancia, pero, ¡qué diferente es tener una disciplina para manifestar lo que ya eres, qué diferente ese trabajo cuando estás convencida de ser ya la Luz, de ser ya el Amor, de ser ya el Poder, de ser ya la Salud y la compañía!

¡Qué diferente a la disciplina que por vidas te has impuesto por querer ser “mejor”, por alcanzar, por llegar, por ser digna! Caminos opuestos, totalmente… totalmente.

Y repito: hacia ti no hay camino, no lo necesitas por que ya eres. Es solo que tu mente suelte la necesidad de controlar, de entender, o de alcanzar. Disciplina para hacerla dócil. Obediente a tu servicio.

Encuentra entonces tu propia disciplina; observando y aceptando aquello que más te estorba, porque al igual que no puedes negarlo tampoco caigas en el error de luchar con ello porque estarías juzgando… Simplemente date cuenta qué te estorba y fortalece la emoción y sentimiento que ahora tienes, al sentir quién en verdad tú eres.

Ese es el trabajo: aumentar, magnificar la emoción de ser la Luz que eres, el Amor que eres, el Poder que eres, reconociendo que hay estorbos en el camino y que solo con tu propio brillo se disuelven, sin luchar.

Disciplina sin lucha.

Miles, millones de pensamientos y de emociones cruzan por ti cada día. ¿Cómo luchar con todos ellos? ¿Cómo solucionarlos? Insisto, no se trata de luchar ni de solucionar. Simplemente verlos y preguntarte quién está pensando eso, quién está sintiendo eso y, te aseguro, que en tanto inicias este camino el 99.9999% de todo ello la respuesta será tu ego, tu mente, que se siente triste por lo que sucedió, que se siente ansiosa por lo que va a suceder, que se siente débil porque no pudo, que se siente pobre, que se siente enferma, que se cree incapaz, que se cree indigna.

Pregúntate, cada instante del día, quién piensa eso, quién siente eso, y simplemente respira, y vuelve al latido de tu corazón y verás cómo cada uno de esos pensamientos y de esas emociones que estorban se van disminuyendo, se van desapareciendo solitas, porque son malla, porque no son ciertas, la única Verdad eres TÚ.

Y ese, como empezamos el día, como empezamos este momento, ese es el verdadero camino de la espiritualidad, el que te lleva a descubrirte –no a solucionar– mucho menos a escapar de lo que a tu mente y a tu cuerpo no le gusta.

Integra todo, ese es quizás el primer paso: Dejar de decir “esto me gusta y esto no”, “de esto me alejo, esto no lo quiero y esto lo resuelvo”. Empieza por amarlo todo, tal y como es, tal y como está, porque todo, absolutamente todo merece de tu Amor, por el simple hecho de existir.

Una vez aceptado todo, una vez integrado todo, concéntrate solamente en quien eres, en la esencia, en la vida, en el Amor que eres; y, todo, tomará su lugar, el que le corresponde para que tú brilles, te manifiestes, te descubras, como el agua turbia que, si la mueves tratándola de limpiar, más turbia se vuelve. Si la dejas descansar, si la dejas quieta, se aclara solita. La suciedad por sí sola desaparece, se va al fondo y surges tú.

Luchar con la suciedad es identificarte con ella, es darle poder a quien no tiene. Reconócete, cree en ti.

 

(Pausa de silencio)

 

El Hombre busca amar y ser amado porque no se ha dado cuenta que es el Amor. Y tú has venido a recordárselo, siendo tú, solo siendo tú.

Por ello a estos espacios no se viene a encontrar respuestas, no se viene a solucionar nada, vienes a recordar tu naturaleza, tu estirpe, tu fuerza.

Tan grande es tu fuerza, tan grande tu Amor, que elegiste olvidar por un momento eso que ya eres para venir al mundo y sentir su carencia; para servirle, para recordarle, para amarle. Y adoptaste una personalidad, creaste una experiencia con todas las características del humano, de lo que hoy vive; aceptaste dejarlo todo para acercarte y abrazarle, esa es tu grandeza, esa es tu capacidad, ese es tu Amor. Aceptaste incluso confundirte y pensar que en ti mismo había carencia para acercarte al Hombre que la tiene.

Hoy es ya tiempo que recuerdes: fue simplemente tu elección para amar al Hombre, tú no eres eso. Amar la expresión humana en el planeta Tierra requería de tu compañía, de que asumieras esa realidad. Recuerda ya hoy a qué has venido, recuerda ya hoy quién siempre has sido y siempre serás. Y pule, pule cada día de ese vehículo. Haz a esa mente dócil, a esas emociones calmas, como el agua que se aquieta para que surja tu transparencia, tu Pureza y tu Luz. Ese es todo el trabajo, pero es de cada instante del día, estar consciente qué piensas, quién lo piensa, qué sientes, quién lo siente… y retomar cada instante la consciencia de quién eres, cada instante.

Siente. Siente ahora tu presencia. Después de un momento que el agua ha estado tranquila, siente la diferencia de cuando llegaste. Hay algo más, se siente algo más que no depende de nada de lo que traías en mente, ni de tu expectativa, ni de lo que haya pasado. Ahí está,

aquí está, eres tú. ¿Qué podría quitarte en este momento esta sensación que podría describir de mil formas: paz, amor, luz, alegría, infinito…? ¿Qué podría quitar eso? Nada. Absolutamente nada.

Eres tú. Soy yo. Es la esencia divina que todos somos. Infinita, indestructible, incomprensible.

Grava en cada célula de tu cuerpo, en cada neurona de tu cerebro, graba esta sensación para que a ella vuelvas cada instante cuando te preguntes quién piensa quién siente quien es todo… vuelve a esto que es la única respuesta, el único camino, tu YO, tú misma.

Que así sea.

José Marti

(Transcripción de la meditación del 29 de octubre 2018)

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Acerca de José Marti

José Marti
José es un fiel amante de la naturaleza y de estar en continuo contacto con ella. Ha dedicado su vida al servicio de las personas en su ambiente laboral. Caminó al lado del maestro espiritual y gran amigo, José Luis Villanueva y, desde entonces, se rebeló como un leal transmisor de la enseñanza del Maestro, compartiendo los mensajes de amor y expansión de consciencia hasta el día de hoy.