Amar a un ser humano

Por Martín Villanueva Reinbeck

Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas. Es contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos. Es comprender que, detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga y de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa. Es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive, son el producto de su humana ignorancia e inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún está aprendiendo a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y tan carente de sentido, que no puede confiar ni en sí mismo. Es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera Identidad y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única, cambiante e irrepetible de la vida.

Amar a un ser humano es brindarle la oportunidad de ser escuchado con profunda atención, interés y respeto; aceptar su experiencia sin pretender modificarla, sino comprenderla; ofrecerle un espacio en el corazón en el que pueda descubrirse sin miedo a ser calificado, en el que sienta la confianza de abrirse sin ser forzado a revelar aquello que considera privado. Es reconocer y mostrar que tiene el derecho inalienable de elegir su propio camino, aunque este no coincida con el tuyo. Es permitirle descubrir su verdad interior por sí mismo, a su ritmo, a su manera; apreciarlo sin condiciones, sin juzgarlo ni reprobarlo, sin pedirle que se amolde a tus ideales, sin exigirle que actúe de acuerdo con tus expectativas. Es valorarlo por ser quien es, no por ser como tú quieres que sea. Es confiar en su capacidad para aprender de sus errores y levantarse de sus caídas más fuerte y más maduro, y comunicarle tu fe y tu confianza como individuo.

Amar a un ser humano es atreverte a mostrarte sin defensas, poses ni caretas, revelando tu verdad desnuda, honesta y transparente. Es descubrir frente al otro tus propios sentimientos, tus áreas vulnerables; permitirle que conozca al ser que verdaderamente eres, sin adoptar actitudes prefabricadas para causar una impresión favorable. Es exponer tus deseos y necesidades sin esperar que se haga responsable de saciarlas; expresar tus ideas sin pretender convencerlo de que son correctas. Es disfrutar el privilegio de ser tú mismo frente al otro, sin pedirle reconocimiento alguno, y en esta forma, irte encontrando a ti mismo en facetas siempre nuevas y distintas. Es ser veraz, y trascendiendo el miedo y la vergüenza, decirle con la mirada transparente: “este soy, en este momento de mi vida, y esto que soy, con gusto y libremente, contigo lo comparto… si tú quieres recibirlo”.

Amar a un ser humano es gozar de la fortuna de poder comprometerte voluntariamente, en primer lugar, contigo mismo, para resolver y trascender todos los conflictos o ataduras personales que pudieran ser obstáculos en el libre fluir de la relación; en segundo, a responderle al otro en forma activa en su necesidad de desarrollo personal. Es creer en él cuando de sí mismo duda, contagiarle tu vitalidad y tu entusiasmo cuando está por darse por vencido, apoyarlo cuando flaquea, animarlo cuando titubea, tomarlo de las manos con firmeza cuando se siente débil y acariciarlo con dulzura cuando algo lo entristece, sin dejarte arrastrar por su desdicha. Es compartir en el presente por el simple gusto de estar juntos, sin ataduras, sin obligaciones impuestas, sin exigencias, demandas, dependencias ni actitudes absorbentes; por la espontánea decisión de responderle libremente… solo por hoy.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde y honesto como para recibir su ternura y su cariño sin representar el papel del que nada necesita, por el contrario, es reconocer y mostrar cuánto necesitas también de su dulzura y sus cuidados. Es comunicarle cuán importante es para ti lo que te brinda y aceptar con gusto lo que te ofrece, sin exigir o manipular para que te dé lo que no pueda o no desea. Es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir su presencia una auténtica bendición en tu sendero. Es disfrutar la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne. Es vivir cada instante como si fuera el último que puedes compartir con el otro, saboreando intensamente cada vivencia, aprendiendo de cada experiencia, asimilando cada enseñanza; sin prisas, sin programaciones ni planes estandarizados, libre de ideas preconcebidas de cómo deberían de ser las cosas, sin pretender cruzar el puente antes de llegar a él, paladeando… solo por hoy; encarnando la verdad trascendente: “bástele a cada día su propio afán”, pero al mismo tiempo sabiendo muy bien lo que tú, como ser humano, quieres, y comprometiéndote contigo mismo a hacer todo lo necesario para abrirte y entregarte sin trabas a la grandeza de vivir el amor en plenitud, muy consciente de que la hoguera sagrada necesita ser cuidada y alimentada diariamente, tanto en el corazón como en la relación. Es arrojarte a la experiencia con tal profundidad que cada encuentro sea tan intenso y significativo como si fuera la primera vez que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es atreverte a expresar el cariño espontáneo a través de tu mirada, de tus gestos y sonrisas, de la caricia firme y delicada, de tu abrazo vigoroso, de tus besos, con palabras francas y sencillas. Es hacerlo saber y sentir cuánto lo valoras por ser quien es, cuánto aprecias sus riquezas interiores, aún aquellas que él mismo desconoce. Es ver su potencial latente y colaborar para que florezca la semilla que se encuentra dormida en su interior. Es hacerlo sentir que su desarrollo personal te importa honestamente, que cuenta contigo. Es permitirle descubrir sus capacidades creativas y alentar su posibilidad de dar todo el fruto que podría. Es develar ante sus ojos el tesoro que lleva dentro, y cooperar de mutuo acuerdo para hacer de esta vida una experiencia más rica y más llena de sentido.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer tus propios límites y mantenerlos firmemente. Es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda tus derechos personales. Es tener tanta confianza en ti mismo y en él, que sin temor a que la relación se perjudique, te sientas en libertad de expresar tu enojo sin ofender al ser querido, y puedas manifestar lo que te moleste o incomode sin intentar herirlo o lastimarlo. Es asumir con serenidad y humildad que el otro te exprese, libremente, todo aquello que le duela o incomode de tus actos. Es reconocerte a ti mismo y al amado como simplemente humanos, y por tanto, falibles y vulnerables. Es aceptar que aún sin desearlo se lastimarán, y tomar esas heridas, por dolorosas que pudieran ser, como grandes oportunidades para aprender a perdonarte a ti mismo, a pedir perdón, a perdonar, y para crecer asimilando en realidad las enseñanzas, y así no repetir tus equivocaciones. Es reconocer y respetar sus limitaciones sin idealizarlo. Es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio, amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros y las enseñanzas compartidas.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona. Es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, una expresión del Hombre, una manifestación palpable de esa esencia trascendente e intangible llamada “ser humano” de la cual tú formas parte. Es reconocer a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados obscuros y sombríos. Amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad. Es amar la auténtica naturaleza humana, tal y como es, y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo.

Martín Villanueva R.

Acerca de Martín Villanueva

Martín Villanueva
Martín lleva más de 30 años entregado totalmente al servicio del bienestar y expansión de la consciencia en el ser humano, para que este descubra su verdadera identidad y desde ahí, viva pleno y en constante amor. Para ello trabaja como psicoterapeuta individual, imparte diversos talleres de crecimiento personal, supervisa psicólogos en formación y todos los lunes se reúne, gratuitamente, con muchas personas a meditar. Es creador de muchísimas técnicas en las que la persona que necesite puede elaborar, de forma autónoma e independiente, cualquier asunto con bloqueos, atores, miedos y traumas emocionales que sean urgentes de liberar. Las técnicas más recientes las llama Visualizaciones Psicoterapéuticas Guiadas y son ejercicios que van guiando y acompañando en el proceso de auto-liberación en una infinidad de temas que atañen a cualquier ser humano. Tiene maestría y doctorado en psicología clínica además de una larga trayectoria como docente en varias universidades. Ha escrito también varios libros, entre ellos: “Hacia un modelo integral de la personalidad”, “Más allá del principio de la autodestrucción” y “Buena nueva: las enseñanzas del maestro.” Lo simpático de todo esto, es que si le preguntáramos acerca de su “semblanza” (la descrita aquí) él opinaría que todo lo anterior es solo bla bla bla ya que él considera que su verdadera aportación es lo que él ha aprendido: a disfrutar intensamente cada día de la vida.