Adicciones

Por José López Guido

Mi adicción no es otra cosa que la manera que he elegido para cubrir mis carencias del pasado.

Este método que he venido utilizando hasta hoy me ha ayudado, como un escudo, para no confrontar mi dolorosa realidad, que no podía cambiar y que ahora es parte de mi pasado. Y así como no me puedo arrancar un brazo o una pierna, tampoco puedo arrancar lo que he vivido y, aunque no me guste este doloroso fragmento, es parte de mi y por lo tanto lo debo amar, ya que Dios habita en todas partes, y lo menos que puedo hacer es aceptar con amor mis dolorosas recuerdos. Todo lo que he vivido y me ha torturado ha sido solo para aprender a amarme a mí mismo. Hoy es el día que estoy listo para aceptarme.

De todo lo que hay en mí, nada me puede dañar, pues anteriormente he tenido la fuerza para sobrevivir a ello.

En otros tiempos, cuando mi interior era aún pequeño, me tuve que refugiar en mi adicción; ahora el tiempo pasó y he logrado superar muchos otros obstáculos. Por ello soy más fuerte cada día. Ahora tengo el suficiente empuje y las habilidades necesarias para enfrentarme conmigo mismo y así dejar que venga mi pasado y poderle dar todo el amor de que soy capaz, como ya lo he demostrado en otras situaciones. Porque tengo la suficiente humildad para aceptarme con mis carencias afectivas de otros tiempos, el sufrimiento que he vivido me ha dado la grandeza para poder perdonar y tengo la suficiente habilidad para transformarme y poder sacar provecho de mis heridas.

Soy lo suficientemente maduro para aceptar mi pasado; ya no necesito cubrir mi dolor con adicciones. Ya no es necesario que me destruya con mis dependencias. He comprendido que Dios vive dentro de todas las formas, aun en mí, por lo que no debo rechazarlo de mí mismo. Tengo la fuerza de voluntad necesaria para controlarme. He logrado aceptar mi pasado. Las situaciones del ayer no me afectan, porque hoy me doy cuenta de que gracias a ellas adquirí más experiencias, con las que soy un mejor ser humano. Cada momento doloroso que viví me ha dejado crecimiento. Y mi interior es más rico ahora y en el exterior soy mejor.

Cada día que pasa soy más fuerte, cada día que pasa tengo más virtudes y me acepto más a mí mismo, cada día que pasa comprendo más mi naturaleza. Cada día que pasa me acerco más a la armonía, cada día que pasa mejoro la calidad de mi vida. Cada día que pasa me amo más a mí mismo, cada día que pasa gano más respeto,  porque soy un  nuevo ser humano.

Ya no necesito cubrir mi desnudez con adicciones, porque las he superado; ahora son solo recuerdos, que me aportan crecimiento y mejoramiento a mi persona.

Me permití crecer tocando mis carencias, de las que me alejaba con mis escudos-adicciones. Ahora aceptadas, me siento más cerca de mí mismo, más auténtico, más cerca de Dios. Los días difíciles, cuando me ocultaba de mí mismo, han quedado atrás; son los cimientos de mi fortaleza actual. Puedo controlar mis emociones con solo darles un poco de amor. Los recuerdos dolorosos son semillas de virtudes que germinan bajo el sol de mi amor. Las máscaras que utilizaba para no verme a mí mismo se han disuelto; ahora puedo mirarme a mí mismo y veo que en mi interior está Dios. Las armaduras que usaba se han desgajado; ahora soy parte de la gente, del Universo y de la creación. Mis miedos se han desvanecido como se desvanece la niebla con la llegada del sol. Mis sufrimientos se alejan porque he aprendido a transformarlos mediante la aceptación. Hay una luz interna, que se incrementa conforme revelo mi interior. La luz que siento en mí es mi capacidad de amar; cuanto mas ame, más sabiduría habrá en mí; cuanto más sabiduría hay en mí, más cerca estoy de Dios.

José López Guido

Fragmento de su libro La Magia del Amor

Para informes sobre los talleres que José imparte y para adquirir su libro escribe a

El Manantial manantialmex@hotmail.com

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Acerca de José López Guido

José López Guido nació en la Ciudad de México. Investigador, discípulo de la Escuela Esénica, fundador del Centro de Estudios Metafísicos “Sir Arthur Conan Doyle”, autor de los libros El séptimo día y La magia del amor, ha desarrollado el modelo terapéutico de rápidos, efectivos y trascendentes resultados basado en la terapia de regresión y en el comportamiento de las leyes naturales, así como en las variadas corrientes de crecimiento, tanto orientales como occidentales, que van desde la aplicación de la energía de la kundalini o la meditación hasta la de los principios que rigen la alquimia, lo que comprende la psicología transpersonal. Actualmente radica en la Ciudad de México e imparte varios cursos de crecimiento personal estructurados por él mismo, como: Liberación interior, Crecimiento 1 y 2, Formación de terapeutas, instructores en relaciones humanas y desarrollo transpersonal, y Las sendas del Chamán.