Abriendo el corazón a la sexualidad

Por AumRak Sapper

“El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor” Gabriel García Márquez.

De pronto me encuentro con esta frase y me estremezco profundamente. Es, para mí, una muestra tangible de la ilusión en la que vivimos, de la ignorancia de lo que significa vivir el verdadero amor, y del desprecio que nos tenemos: a nuestros cuerpos y a nuestra energía sexual. Gracias a este miedo, cuando pensamos en sexo, la mente corre hacia todos esos tabúes que nos enseñaron, generando un gran temor,una atracción enferma hacia el tema y un “algo” profundo en nuestro ser; un “algo” que necesita redimirse.

Quien verdaderamente ama, conoce ese sentimiento de placer intenso, de entrega total, de crecimiento e intimidad; pero hay también quienes recurren al sexo por la desesperación proveniente de la falta de amor, y son capaces de pagar para actos corruptos, como la prostitución, pederastia, pornografía y otras aberraciones.

De esta manera aprendimos a quitarnos las ganas; y, en realidad, esas “ganas” no son otra cosa más que las ganas de abrir nuestro corazón, de sentir lo cálido de la intimidad, de compartir. Pero no crecimos con eso, quizá la pérdida de esa inocencia fue de manos de alguien que abusó de nuestra confianza, de nuestro “no saber” y, no digamos, de la violencia; o quizá fue por esa falta de información de parte de nuestros progenitores, quienes tenían vergüenza de proteger ese misterio, ese mundo secreto que, al igual de ser conmovedoramente profundo, puede ser producto de los malditos tabúes que vienen de las intensiones de hacernos sentir alejados de la divinidad, de hacernos sentir sucios y culpables por la simple razón de sentir… ganas.

El problema es que no hemos aprendido acerca de la sexualidad sagrada. A lo largo de los siglos ha habido civilizaciones muy avanzadas que han sabido otorgarle a la sexualidad un respeto muy especial, pues para ellos, la sexualidad se trata de alcanzar estados de meditación profundos a través de los momentos de éxtasis en que, energéticamente, nos encontramos frente a las “puertas del cielo”.

Para llegar a esos estados, es importante un trabajo profundo de liberación individual, donde debemos buscar y encontrar todas esas raíces de vergüenza, de culpa y de miedo que nos han sido compartidas desde generaciones atrás; para transformar y aprender a respetarnos a nosotros mismos y no seguir engañándonos, pensando que un momento de pasión nos va a llevar al amor. Pues de hecho es, precisamente, el encontrar el respeto a nuestro cuerpo, a nuestros sentimientos y sensaciones, lo que nos va a llevar a convertirnos al verdadero sacerdocio del amor.

Pero, ¿cómo lograrlo? Primero debe ser con una pareja afín. Junto con esa persona, convierte tus momentos íntimos en toda una ceremonia: prende velas, inciensos, busca música bella y relajante, busca esa intimidad profunda que no nace del deseo de ser complacidos, sino de complacer, de compartir profunda y amorosamente, todas esas sensaciones que solo pueden nacer cuando nos sentimos en plena confianza y seguros de que no se trata solo del “ratito”, sino que estamos en unión eterna de almas.

Dime tú, ¿crees que es posible? ¿Crees que lo mereces?

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Acerca de Aumrak Sapper

Aumrak Sapper
Mi camino espiritual comenzó muy temprano en mi vida con
una niñez muy bella en el campo y una familia amorosa y creativa. Parte de mis procesos formativos y educacionales fueron mis estudios en Europa, en Pedagogía y Psicología, en Graz, Austria. En mi vida he viajado más, leído mucho y he tenido experiencias que disfruto compartir como cuentacuentos.
Mi servicio inició cuando me decidí a ser parte del proceso de transformación de nuestro planeta hacia una octava superior de consciencia. Mis maestros son todos ustedes, en todos lados. Mis guías espirituales me permiten escucharlos claramente. La Naturaleza me habla y me pide ayuda. Vivo hoy. Mi maleta contiene todo lo que necesito en 25 kilos. Tengo una preciosa familia espiritual que se extiende en muchas partes y compartimos, en Ceremonia, los espacios sagrados para sanar a la Madre Tierra y a nosotros y a todos. Doy siempre lo mejor de mi Ser, sabiendo que la Inspiración viene en el momento apropiado y lo que digo es lo que hay que decir. Sigo el Calendario maya y ya cumplí 91.36 años. Me encanta compartir con el Oráculo Maya porque resuena en el corazón y ayuda a recordar a la persona quién es su Ser Interno. Doy todo de mí en los talleres que organizamos, pues sé que cada persona que viene, está lista para la Gran Transformación. Ahora leo poco, escribo más. Busco la creatividad, la espontaneidad y la integridad a cada paso. Siempre bendecida por la Gracia Divina, recorro el mundo, sembrando.